15 noviembre 2023

Las nuevas familias multiespecie. Gastón Caglia.

 




            Cuando murió mi mascota, una perra mestiza de trece años de edad, fue entonces cuando tomé consciencia del fuerte vínculo que puede uno crear entre los animales y los seres humanos (otros animales en resumidas cuentas). Si bien había comenzado con un proceso de deterioro que sabía era irreversible, el momento de la etapa final fue muy doloroso para toda la familia.

            El contacto con la muerte suele estar velado en estas sociedades, ya la gente no vela más a sus muertos en sus casas, ni siquiera tenemos el lujo de poder morir en nuestros hogares. La muerte se ha escondido en sitios preparados para ello pues a lo largo del s. XX y el presente se ha desarrollado una idea de que la muerte es un proceso no agradable de transitar y, en la medida de lo posible, necesario de evitar en nuestra cotidianeidad.

            Lo cierto es que este proceso al que me enfrenté me llevó a pensar en el concepto de familia, de qué tan extendida es mi familia, pues al fin y al cabo uno pertenece a quien llora o por quien ríe y en este caso el sentimiento de dolor estuvo presente por un perro que me acompañó a los largo de más de diez años en todas las vicisitudes de mi vida personal y familiar. Compartió mis éxitos y mi vida, las mudanzas, los acontecimientos familiares, etc.

            Esto que planteo no es un delirio. El reconocimiento del concepto de “familia multiespecie” está latente desde hace unos años y gana terreno en los distintos ámbitos. Tal es así que ya hay fallos jurisprudenciales que comienzan a reconocer este concepto de familia en el marco de una nueva, no tan nueva, concepción de estos conceptos.

Es que los conceptos de “familia”, “amor”, “trabajo,” “relaciones de amistad”, todo, ha sido redefinido en los últimos años, en esto que llamamos la modernidad líquida o modernidad tardía.

            Desde el ámbito del derecho se ha comenzado a plantear que los animales no humanos no son cosas (en el sentido jurídico del término), sino seres sintientes y, por tanto, sujetos de derechos. Esto se muestra de acuerdo con la tendencia jurisprudencial actual de abandonar la mirada binaria de “sujeto/objeto” y comenzar a ampliar derechos básicos en beneficio de los animales no humanos.

Tal es así que al día de hoy entendemos que no existe una única forma de organización familiar. Por lo ya referido antes el concepto de familia ha evolucionado recogiendo y aceptando los cambios sociales vivenciados. En la actualidad no hablamos más de “Derecho de Familia”, sino del “Derecho de las Familias”, en virtud de la multiplicidad de formas que puede adoptar una familia y en ese marco es muy común observar que las personas establecen fuertes vínculos afectivos con su mascota.

El antiguo concepto de familia, usado por siglos, solo consentía un tipo de familia que se fundaba en el matrimonio, “matrimonializada”, paternalizada y patrimonializada, esto es, dependiente económicamente y en otros aspectos del padre, sacralizada, dependiente de formas solemnes y biologizada, el fin principal está en tener hijos. Además de ser absolutamente heterosexual.

Este nuevo concepto de familia, ya no está basado en el matrimonio, ni en la pareja heterosexual, ni siquiera en una pareja (la familia puede ser unipersonal); prima la autonomía de la voluntad de los individuos por sobre el orden público y los lazos de sangre no son determinantes y menos los de parentesco, sino que son reemplazados por lazos de afectividad.

Esta nueva familia está basada en relaciones socio-afectivas respondiendo o condicionada por la cultura de cada sociedad. Es lógico entender entonces que los animales no humanos puedan, en la medida de las posibilidades, ser considerados parte de este nuevo concepto de familia. Más si tenemos en cuenta el elevado porcentaje de familias que cuentan con una mascota en su domicilio en la que están en juego el contacto físico, el bienestar y la compañía que mutuamente se puedan brindar.

            La organización “World Animal Protection” de acuerdo a un sondeo realizado en 2018, el 95 % de los latinoamericanos que tienen perros en sus casas y los consideran como parte de sus familias; el 99 % dice hablar regularmente con sus mascotas; el 99% se siente angustiado cuando su perro se enferma.

En el caso “Fornerón e hija vs. Argentina”, la Corte Interamericana de Derechos Humanos, sostuvo que en la Convención Americana de Derechos Humanos no se encuentra determinado un concepto cerrado de familia. Asimismo establece que el término “familiares” debe entenderse en sentido amplio, por ende debe abarcar a todas las personas vinculadas por un parentesco cercano.

Esto evidencia que la realidad social es altamente cambiante y dinámica. Hoy en este contexto posmodernista observamos situaciones que hasta hace unos años atrás hubieran sido imposibles de pensar sean recogidas o amparadas por el Derecho. Sin embargo se comienza a observar un cambio de paradigma, en particular en Argentina desde la sanción del nuevo Código Civil y Comercial de la Nación allá por el año 2015.

Las sociedades occidentales actuales, en especial la latinoamericana, incluye integrantes no humanos dentro de la familia dado que este nuevo concepto de familia es el lugar de realización de la persona, y encuentra protección dentro del Sistema Interamericano de Derechos (art. 16 de la DADDH, art. 17 de la CADH; art. 8° de la CDN).

El preámbulo de la C.D.N. reconoce a la familia “como grupo fundamental de la sociedad y medio natural para el crecimiento y bienestar de todos sus miembros...”. De ello se concluye que las diferentes realidades sociales tienen que tener distintas, y todas válidas, formas familiares.

La existencia de procesos judiciales en los que los Juzgados de Familia deben responder a planteos acerca de quién se queda con la custodia del perro que formaba parte de la familia o el derecho a reclamar una indemnización por daño moral ante la pérdida de una mascota, comienzan a ser comunes en los pasillos de los Tribunales, y es que ya no es novedad para la Justicia que la integración de los animales no humanos a las familias, y por consiguiente, su consideración como un miembro de ésta, es una realidad tangible. A tal punto que en algún proceso al que he tenido acceso a la mascota se la llama por su nombre de pila y no como una cosa o género animal.

Es de esperar que en el futuro esta corriente jurídica se consolide y deje de encontrar resistencias en algunos ámbitos en los que todavía se hallan oposiciones, lo que redundaría en un avance para la justicia y para la ampliación de derechos a la que tanto anhelamos.

Los campos de soja de la pampa. (Algunos sencillos apuntes jurisprudenciales relativos a la protección del medioambiente). Gastón Caglia.

 



 

            Introducción:

            En esta entrada encontraremos algunas definiciones, que a modo de palabras claves acá se detallan: “principio de equidad intergeneracional”, revolución tecnológica, daño ambiental, decrecionismo, glifosato, “neolenguaje de la tranquilidad”, amparo ambiental, función social de la propiedad,  función ambiental de la propiedad,  Principio precautorio,  incertidumbre científica.

            Dentro del amplio espectro normativo que regula la cuestión ambiental en este artículo se tratarán los siguientes: Art. 43 de la Constitución Nacional de Argentina (enmarcada dentro de los llamados Derechos de tercera generación, bajo el capítulo de “Nuevos derechos y garantías”[1]), Ley general de ambiente Nro. 25.675[2], Las “100 reglas de Brasilia sobre acceso a la justicia” y su concepto de “vulnerabilidad”.

            De un tiempo a la fecha, más precisamente a mediados de los '90 del S. XX el campo (entendido acá como la actividad agropecuaria) sufrió profundos cambios de la mano de la implementación de la tecnología en especial. Así es que se produce un boom agrícola, en particular de la mano de la producción de soja, que lleva a la Argentina a batir records de producción año tras año. Una de las principales razones son las modificaciones genéticas en las semillas de cultivo y en la maquinaria propia del sector que por esos años se incorpora al campo. En esta revolución tecnológica, la abanderada es la biotecnología.

            Como muestra tenemos que a mediados de los años noventa del s. XX, Argentina producía 10 millones de toneladas de Soja y en las últimas cosechas se produjeron más de 50 millones de toneladas. Y todo desde 1996, año en que “Monsanto” empezó a comercializar una semilla de Soja genéticamente modificada resistente al glifosato, aumentando la productividad y la rentabilidad al obtener mayor control sobre las malezas y amenazas de insectos.

En resumen, en la región (Argentina, Brasil y Uruguay) se alentó un cambio impresionante, un viraje hacia un tipo de agricultura orientada al “monocultivo de exportación” que no es otra cosa que un tipo de extractivismo agrícola. La reina es la soja, en sus variedades transgénicas, con uso de tecnología “de punta” en maquinaria, escaso o nulo procesamiento y exportación como commodity.

 

            Holocausto genético.

            Hasta acá la parte positiva del cuento, el horror comienza cuando, luego de unos años, la comunidad científica, médicos de los pueblos rurales y medios de comunicación comienzan a tomar conocimiento y dar cuenta de las elevadas tasas de cáncer, enfermedades respiratorias y/o alergias, Alzheimer, Parkinson, pérdidas de embarazos, infertilidad, problema en la piel, malformaciones y envenenamiento de seres vivos muy por arriba de la media nacional en las zonas en que el uso intensivo de los agroquímicos (neolenguaje de la tranquilidad: a los agrotóxicos se los llama “fitosanitarios”) se utilizaron desmedidamente. Para ello me remito a bibliografía específica.

            Frente a la visibilización de este nuevo problema, y a pasos acelerados algunos jueces se animaron a intervenir en pos de la salud de la población que linda los campos de Argentina.

            Se comienza a trabajar desde distintas figuras jurídicas y se desarrolla un nuevo vocabulario que es muy interesante poner de manifiesto. Se introduce un concepto amplio de “daño” que viene a estar a tono con el principio de respeto a la función social de la propiedad y con ello a incorporar nuevas variables dentro del capitalismo, que bien pueden servir para ampliar las ideas del Decrecionismo.

            Muchas veces se critica a la justicia por su deficiente calidad en la prestación del servicio. Más de una vez se ha puesto de manifiesto la figura retórica de que “justicia lenta no es justicia”, o justicia al servicio de los poderosos no es justicia, pero, se ha comenzado a actuar responsablemente y con apego a los principios fundamentales de la protección del medio ambiente y el ser humano.

            Por vía de la acción de amparo colectivo ambiental se comenzó a trabajar en la lucha para correr el límite de fumigación, tanto aéreo como terrestre, sobre zonas urbanas. Estas zonas de exclusión en las legislaciones locales (municipales) aparecen como muy reducidas, en algunos casos establecen una distancia de cien o doscientos metros entre la línea de fumigación y la zona de viviendas. 

            Lo que hacen estos juicios de amparo colectivo es correr esa línea a límites más acordes  con la salud humana, estableciendo amplias zonas de exclusión o reserva que sobra decirlo, sistemáticamente son violadas.

           

            Conceptos de inconstitucionalidad e inconvencionalidad.

            En qué principios se basa la Justicia a la hora de resolver estos conflictos.

            El “Derecho a un ambiente sano” se incorpora a la Constitución Nacional Argentina en el año 1994. Se encuentra enmarcada dentro de los llamados “Derechos de Tercera Generación” que dicha reforma incorpora dentro del Capítulos de los nuevos derechos. Es importante ponderar el valor “solidaridad” como criterio axiológico a tener en cuenta.

           

            Nexo causal menos exigente en cuestiones ambientales.

            El Principio precautorio se desarrolla para hacer frente al compromiso y la importancia de los bienes en litigio. Las personas no pueden esperar definiciones científicas concluyentes por largo tiempo.

 

            Concepto de “daño al ambiente” como una lesión al medio, ya sea por su alteración o destrucción y que menoscaba la calidad de vida de los seres vivos, los ecosistemas y los componentes de la noción de medioambiente[3].

            Así se dice “... cuando la pretensión se relaciona con derechos fundamentales, la interpretación de la ley debe estar guiada por la finalidad de lograr una tutela efectiva, la que se presenta como una prioridad cuando la distancia entre lo declarado y la aplicación efectiva perturba al ciudadano...[4]

           

            Función Social de la Propiedad: “... la propiedad no puede desatender la función social que debe observar, sino que a más, en la necesidad de armonizar la preservación del ambiente con el desarrollo, al estar en juego el interés general, reclama una utilización que correlaciones la calidad de vida con bienestar y su uso y goce en condiciones tales que no permita modificaciones del entorno, ni reducción de aquella calidad a ninguna persona so pretexto de una inocuidad del producto... como bien lo señala Lorenzetti en este escenario lo individual no tiene primacía y no rige la reciprocidad, ya que es un conflicto donde se afecta a un bien común... En estos casos los derechos subjetivos deben ser interpretados de modo tal que, no conspiren contra el deterioro de los bienes. De ahí que la relación entre derecho de propiedad y medio ambiente, debe reconocerse una “función ambiental de la propiedad” en virtud de que la multiplicidad de derechos individuales de los propietarios deben coordinarse de manera tal que se orienten en la preservación del bien colectivo.[5]

            “El derecho a un ambiente sano... es un derecho colectivo universal por su carácter no excluyente y no distributivo, de carácter nacional y supranacional...[6]”. Por tal motivo la ley nro. 25675, de Argentina, establece principios de política ambiental[7] que rigen y que deben tenerse presentes al interpretar normativa ambiental.

           

            Uno de ellos es el Principio precautorio, que dice: Cuando haya peligro de daño grave o irreversible la ausencia de información o certeza científica no deberá utilizarse como razón para postergar la adopción de medidas eficaces, en función de los costos, para impedir la degradación del medio ambiente.

            Por ello se prohíbe utilizar la incertidumbre científica para evitar llevar a cabo medidas concretas de protección ambiental que atentarían contra la preservación del ambiente sano, equilibrado y apto para el desarrollo humano. En definitiva respetar el principio de equidad intergeneracional y desarrollo sustentable.

           

            Conclusión o palabras finales:

            En definitiva, la tutela del ambiente nos corresponde a todos, como ciudadanos o miembros de ONG's. A usar el suelo, pero a tratarlo con respeto, para que las generaciones futuras puedan usarlo también. La degradación del ambiente perjudica a todo el mundo dado que es un bien que pertenece a la esfera social y transindividual. Por ello se aplaude a los jueces, y el resto de los efectores judiciales, que valientemente y a veces enfrentando grandes corporaciones o poderes económicos intentan hacer efectivos los mandatos constitucionales ambientales.

           



[1]http://servicios.infoleg.gob.ar/infolegInternet/anexos/0-4999/804/norma.htm

[2]http://servicios.infoleg.gob.ar/infolegInternet/verNorma.do?id=79980

[3]Di Paola, Maria Eugenia y Sabsay, Daniel, “El daño ambiental colectivo y la nueva ley general del ambiente”, LL ADLA 2003-D, p. 4865. www.marcelabasterra.com.ar.

[4]Ricardo Lorenzetti, “Teoría del Derecho Ambiental”, pag. 65, Ed. Porraua, México.

[5]Ricardo Lorenzetti, “Teoría del Derecho Ambiental”, pag. 6, Ed. Porraua, México.

[6]Sala III de la Cámara Segunda de Apelaciones en lo Civil y Comercial de Entre Ríos, “Foro Ecologista de Paraná y otros c/ Superior Gobierno de La Provincia de Entre Ríos s/ Accion de Amparo”, Expte. Nro. 9850, 26/09/2019.

[7] En su artículo 4 establece los siguientes principios:

Principio de congruencia: La legislación provincial y municipal referida a lo ambiental deberá ser adecuada a los principios y normas fijadas en la presente ley; en caso de que así no fuere, éste prevalecerá sobre toda otra norma que se le oponga.

Principio de prevención: Las causas y las fuentes de los problemas ambientales se atenderán en forma prioritaria e integrada, tratando de prevenir los efectos negativos que sobre el ambiente se pueden producir.

Principio precautorio: Cuando haya peligro de daño grave o irreversible la ausencia de información o certeza científica no deberá utilizarse como razón para postergar la adopción de medidas eficaces, en función de los costos, para impedir la degradación del medio ambiente. .

Principio de equidad intergeneracional: Los responsables de la protección ambiental deberán velar por el uso y goce apropiado del ambiente por parte de las generaciones presentes y futuras.

Principio de progresividad: Los objetivos ambientales deberán ser logrados en forma gradual, a través de metas interinas y finales, proyectadas en un cronograma temporal que facilite la adecuación correspondiente a las actividades relacionadas con esos objetivos.

Principio de responsabilidad: El generador de efectos degradantes del ambiente, actuales o futuros, es responsable de los costos de las acciones preventivas y correctivas de recomposición, sin perjuicio de la vigencia de los sistemas de responsabilidad ambiental que correspondan.

Principio de subsidiariedad: El Estado nacional, a través de las distintas instancias de la administración pública, tiene la obligación de colaborar y, de ser necesario, participar en forma complementaria en el accionar de los particulares en la preservación y protección ambientales.

Principio de sustentabilidad: El desarrollo económico y social y el aprovechamiento de los recursos naturales deberán realizarse a través de una gestión apropiada del ambiente, de manera tal, que no comprometa las posibilidades de las generaciones presentes y futuras.

Principio de solidaridad: La Nación y los Estados provinciales serán responsables de la prevención y mitigación de los efectos ambientales transfronterizos adversos de su propio accionar, así como de la minimización de los riesgos ambientales sobre los sistemas ecológicos compartidos.

Principio de cooperación: Los recursos naturales y los sistemas ecológicos compartidos serán utilizados en forma equitativa y racional, El tratamiento y mitigación de las emergencias ambientales de efectos transfronterizos serán desarrollados en forma conjunta.

Imágen: https://qiarg.org/2021/04/21/que-es-la-huella-ambiental/


“Trois Couleurs: Bleu” o el concepto absoluto de la libertad. Felipe Bochatay.

 



          Cuando vi por primera vez este film tenía al menos veinte años, fue allá cuando se estrenó, por el 93. Sin embargo recuerdo que una sensación de impotencia y dolor muy interno se apoderó de mí al terminar de ver la película. Luego, por mucho tiempo, no pude volver a verla. Esa impotencia o rabia que genera la historia puede llevarnos a esos extremos y “Bleu” es una película sobre la naturaleza humana, esa naturaleza humana que nos sorprende y a la postre nos abruma. No hace falta decir que ésta fue la primera entrega de la trilogía “Tres colores”, completada con las películas “Blanc” y “Rouge” que le sucedieron.

            Contar una historia triste y conmovedora sin llegar a la sensiblería de la novela rosa tiene sus riesgos, este no es un film con efectos especiales, ni golpes bajos ni una película típicamente “pochoclera”, más aún, es una clásica película francesa a la que algunos pueden tachar de lenta o aburrida.

Asimismo tampoco uno la puede recordar por algún diálogo en particular o frase memorable dado que lo que prima es la imagen en su estado más puro, a su vez, envuelta en una tremenda banda sonora. Ambas logran mostrar acabadamente el sentido de pérdida de Julie como así también todos sus conflictos internos.

El director polaco Krzysztof Kieslowski y su primera actriz, en un papel solamente para ella, la francesa Juliette Binoche, lo logran sobradamente. La exquisita y cuidada fotografía se encuentra enmarcada en un color que domina el film, el azul. Todo está teñido de ese color que no es más que un mensaje que nos quiere transmitir el director. Es que el azul representa la libertad, una libertad que está cargada también tal vez de imperceptibles alegorías políticas, aunque esa no sea directamente la intención de Krzysztof Kieslowski.

            La película nos ubica en París, donde la vida de Julie (Juliette Binoche) da un giro trágico de 180º al perder trágicamente en un accidente de tránsito a su marido, de renombre artístico como compositor de música, y a la niña de ambos. Ella es la única sobreviviente. Frente a esta nueva realidad de la protagonista, se encierra en sí misma en una cuasi vida ascética. Esto la lleva a tratar de aislarse de todo sentimiento humano, inclusive a un intento frustrado de quitar su vida, y a evadir situaciones que la lleven a nuevas relaciones humanas; pero que en definitiva las necesita para sobrevivir, para continuar viviendo EN su nuevo estado de LIBERTAD.

            Con el transcurrir de la película Julie se vuelve más inestable mostrándose incapaz de desanclarse de su pasado. Su enamorado, Olivier, ayudante de su marido, intenta sustraerla de ese ostracismo pidiéndole que le ayude a terminar la obra inconclusa de su marido que ella creía haber destruido. En un principio lo consigue, mas luego se percata de que la obsesión por lo que quiso componer su marido la invade y le impide desanclarse, salir de ese fondo marino, azul, en que se encuentra y que no le permite hacerse de una nueva vida mundana.

En este sentido Kieslowski  reflexiona acerca de cuál es el precio que tenemos que pagar para lograr nuestra tan ansiada libertad, que desde luego también la representa el director en el sentido de libertad de la vecina prostituta, una mujer feliz que hace lo que siente sin importarle lo que piensen los demás.

Qué nos quiere decir, que a través del color azul nos quiere simbolizar el concepto de libertad, pero no política ni social, sino la libertad en un sentido más absoluto y existencial, la de vivir la vida en sí misma, ya que al haber perdido todo, su amor, su hija y al despojarse de todos los lujos y vida que llevaba se enfrenta a la más solitaria libertad, la libertad de ya no ser dependiente de las personas que amamos y se fueron para siempre. Es que en este sentido el amor no deja de ser algo contradictorio para el director, quien ama es prisionero de ese amor, quien lo pierde ya es libre de él.

            En esa dirección podemos entender que la intención del director no es bucear en los conceptos utópicos de libertad política (como lo representa el azul de la bandera de Francia), sino la que portamos dentro nuestro y que la sociedad posmoderna parece haber perdido u olvidado como el derecho y la obligación que todo ser humano tiene de preservar la libertad propia y la de quienes se encuentren a nuestro alrededor.

Así Julie se enfrenta a una abrumadora libertad al desprenderse de los afectos y de lo material, el hogar en que convivían, ropa, lujos, que estaba atado a los afectos (el amor), comienza una nueva vida, aunque totalmente vacía, invadida por la indiferencia y la frialdad absoluta y para venir a completar su cuadro Julie descubre que su marido le era infiel con una colega.

Ello no le impide enamorarse de un compañero de su marido y a pesar de sus deseos autodestructivos ella encara la finalización de la obra inconclusa de su marido.

Es aquí donde la magia de este director polaco se hace aún más perceptible, donde expresa magistralmente las emociones de Julie, el sentimiento de pérdida y su conflicto interno, logrando una expresión emotiva máxima, especialmente la exposición más cruda de dolor, desafiando completamente los sentidos.

En definitiva, una historia triste y avasallante, y más triste el final en que Julie logra derramar las lágrimas que durante toda la película no logra derramar. Con una idea central cual es la de impregnar la pantalla de tonos azules convirtiéndola en una obra de arte visual, ya que, como dije, acá no destacan los diálogos sino los silencios y las imágenes, sobre todo en los planos de detalle y donde el azul se apodera de toda la imagen, de toda la fotografía.

“Bleu” es la idea de sobrevivir a esa libertad, de encontrar razones para vivir en un mar de autodestrucción y de nuevamente amar, un nuevo hombre o un sentimiento de esperanza. Así el azul, es decir, la libertad, tan caro y frío para sus emociones se vuelve un tono esperanzador, de vivir la vida a pesar de ella.

Imagen: https://www.filmaffinity.com/es/film597294.html


25 febrero 2023

La dictadura de la felicidad. Felipe Bochatay.

 


Últimamente se ha puesto de moda el modo imperativo en la vida cotidiana. Es casi una imposición social. No es un detalle menor que por donde uno vaya se encuentre o se tope con frases pegajosas en almohadones, tasas y pocillos, camisetas y muchas cosas más. Diviértete en tu trabajo, todo saldrá mejor!

 

            A qué me refiero cuando hablo del modo imperativo, pues al modo gramatical empleado para expresar deseos, mandatos y ruegos de cualquier tipo. Es decir, es un modo utilizado para que el receptor actúe de una forma deseada. De allí su nombre, imperativo, que proveniente del latín impero, que se traduce como “mandar o dar órdenes”. Evoluciona, explora, juega, sueña, crece!

 

No sería un detalle menor si la ciudad, o peor, la casa propia, no se vieran rodeadas de esta “dictadura de la felicidad” que al parecer ha encontrado en los decoradores un nuevo fetiche para el psicoanálisis. Vive, ama, ríe.

 

Como lector de E. Cioran tampoco pretendo que la gente deambule por los cementerios declamando a viva voz los silogismos de este peculiar filósofo. Por otro lado sería un tanto desconcertante ver en una camiseta el rostro del filósofo diciendo: “Mereces lo que sueñas”, en especial viniendo de alguien que tiene algunas frases al estilo: “No creo haber perdido una sola ocasión de estar triste. Mi vocación de hombre”.

 

El problema que noto es más profundo, al parecer no hay lugar para la tristeza en nuestra sociedad. Si estoy triste, ergo, soy un fracasado, un perdedor. Todo debe estar regido por los más altos estándares de felicidad, natural o auto-construida impuesta por una penetrante industria de la felicidad con sus recetas de autoayuda para lograr ese estado perpetuo de bienestar y felicidad que en verdad nunca llega. No sueñes con ser algo en la vida, ya eres todo!

 

Lo que es peor es esa imposición de parte de la sociedad, palanqueada por los medios, las redes sociales en particular, que imponen la necesidad de estar siempre bien, y que establece como algo negativo el estar mal. Deja de pensar en la vida, vívela!



 

Esta búsqueda de bienestar y felicidad debe ser permanente, es decir, nos pretende obligar a estar buscando incansablemente los estímulos necesarios para estar felices. Esto, no es necesario ponderarlo mucho, puede llevar a la gente a que se sienta terriblemente presionada por ser feliz. Así puede generarse un bucle en el que más ansias por hallar felicidad generan más presiones y por ende más estrés. Con todo a lo sumo la felicidad no es un estado en sí mismo sino un estado que puede darse o no. Hazlo hoy, hazlo ya.

 

Esto nos lleva a que la construcción de nuestra identidad se vea seriamente atacada ya que el hecho de ser humano incluye la posibilidad de ser infeliz, y eso no me hace menos humano, o eso es lo que desearía. Duerme menos y sueña más.

 

            El mercado impone la obligación de estar feliz. Un humano feliz consume, un humano no feliz posiblemente consuma menos o nada. Para colmo de males, por más que pasemos filtro a nuestras imágenes no dejamos de ser seres imperfectos, “con detalles de fábrica”, que es lo que nos hace humanos. Tú tienes el control.

 

            Por otro lado no hay que tener miedo a estar infelices. Es un estado natural del que se pueden sacar cosas buenas. Estar en el fondo del océano significa que has tocado fondo, pero también que más abajo no puedes ir. Es solo una etapa de nuestra vida en la que el miedo al miedo puede ser muy perjudicial. Sin acción no vas a ninguna parte.

 

            El tema no es inocente, el almohadoncillo tan bonito que reza: ama, ríe, etc, es parte del discurso de felicidad que vende la industria de la felicidad, del goce eterno. Torna así en un discurso individualista en el que “si quieres, puedes” frente al estado de alegría que se podría sentir en ámbitos compartidos, no individualistas. Esto es así porque la felicidad que vende el mercado dice que depende de uno mismo, de que solo tú puedes hacerlo. Persiste!

 

Por otro lado este tema de la felicidad desmesurada y a todo precio es relativamente nuevo. Está muy relacionado al surgimiento de los libros de auto ayuda que comenzaron a circular en EEUU en la segunda mitad del s. XX. En toda la historia de la humanidad no existe antes algo parecido. Continúa creciendo y evoluciona!

 

Ahora bien, hay un problema en el planteo. Estos gurús de la felicidad ofrecen modelos estándar, un solo modelo por libro. Pero por otro lado dicen que la felicidad depende solo de uno mismo, por ende es absolutamente individualista, es decir, entiendo que debe haber tantas recetas como personas compren esos libros. Y como ya dije, si depende de uno mismo, la responsabilidad recae en uno mismo, lo que genera la sensación de culpa si no logramos acceder a los altos estándares de felicidad que se prometen. Confía en tu intuición y en ti.

 

El negocio no para de crecer: se estima que se venden más de 20 millones de libros de autoayuda al año y en época de pandemia se dice que aumentaron las ventas en un 40%. Arriesga para ganar.

 

Una explicación válida para este fenómeno puede verse en las condiciones de vida modernas o mejor dicho de la modernidad líquida o posmoderna en la que al parecer si no te mueres de hambre, una dictadura feroz te masacra o una inundación se lleva puesto todo lo tuyo, el siguiente problema que debes afrontar si tienes techo y comida asegurada, es el de encontrarle un propósito a tu propia existencia. Si a ello le sumamos la crisis de las religiones tradicionales y un poquito de incertidumbre por el encierro pandémico y de angustia vital, la cena está servida. Conoce tus habilidades.

 

Por otro lado junto a estos grandes cambios culturales y socioeconómicos de este posmodernismo, modernidad líquida o modernidad tardía (elija el autor y término que le guste) una de las mayores causales de estrés son la creciente invasión del libre mercado en todos los ámbitos de la vida que provocan este creciente individualismo. Y como ya se ha dicho, la idea del progreso continuo e ininterrumpido del capitalismo llevado al discurso científico hace que se inventen soluciones mágicas envueltas en discursos científicos o seudocientíficos. Comparte y regala. Enamórate!

 

            Ya lo dijo John Stuart Mill, no vale la pena hacer de la felicidad la meta principal de toda nuestra vida porque ni sabíamos qué era la felicidad, ni dónde buscarla y porque cuanto más nos empeñáramos, más nos íbamos a frustrar persiguiéndola. Sin quererlo descubrió así la paradoja hedónica: cuando más uno se empeña en ser feliz, más está boicoteando su propia felicidad. Crea tu realidad.

 

En definitiva, que quise descargarme con la moda del modo imperativo y hasta acá llegué en esta tarde de domingo, demasiado tarde para algunas cosas y demasiado temprano para otras. Como dice la canción: solamente muero los domingos, y los lunes ya me siento bien. Equivocarte es necesario para crecer.

 

Quiero sentirme infeliz por un ratito con mi café dominical, es mi derecho, pero mi tasa me lo impide con su bonita frase… Haz todas las cosas…

Azul casi transparente de Ryū Murakami. Los yonquis japoneses (reseña). Felipe Bochatay.



Buscando alguna novedad sobre la próxima novela de Haruki Murakami me topé con otro Murakami, un tal Ryū. De inmediato me picó la curiosidad, había llegado a Azul casi transparente sin pretenderlo.

Cuando comienzo a indagar sobre la novela descubro con sorpresa que no pertenece a Haruki, que fue escrita por Ryū Murakami en 1976, a sus tempranos 24 años de edad, y adaptada al cine, mereciendo tanto la novela como el film sendos premios dentro del Japón. Obtuvo el muy prestigioso premio Akutagawa.

De qué va la novela, pues de unos yonquis japoneses, muy jóvenes, que frecuentan una base militar estadounidense para divertirse, drogarse y tener sexo. Todo transcurre en esta breve novela de forma frenética, en muy cortos capítulos, en donde los personajes, chicos y chicas, deambulan por la ciudad buscando conflictos con terceros y entre ellos. Hay cruces amorosos, relaciones tóxicas, drogas duras, un detalle descarnado en primera persona, sexo y más sexo y drogas.

Como dije, la novela está narrada en primera persona por uno de los miembros del grupo, Ryu, quien sería una especie de guía o líder del grupo ya que la trama avanza teniéndolo en sus breves episodios como un protagonista siempre expectante.

Desde ya, cabe decir, teniendo esta primera aproximación a la obra de Ryū que los “dos Murakamis” no comparten, en sentido literario, más que la homonimia. Haruki suele presentarnos en sus largas, larguísimas novelas, personajes que como con Ryū son jóvenes pero que en aquel la trama avanza por universos extraños, teñidos de esa pátina de ensueño a que nos tiene acostumbrados Huruki Murakami.

En Ryū el texto es crudo, seco, de párrafos breves, son estocadas al corazón cada vez que la banda se sumerge en una sesión de drogas duras, sexo violento, maltrato físico y rock psicodélico. Inclusive se puede llegar a catalogar a esta novela como la “Trainspotting” japonesa, aunque escrita casi dos décadas antes pero con la misma descripción onírica de cada “chutazo”.



La literatura que desborda excesos por todos lados no aburre, más bien el morbo malsano se saber cómo sobreviven los casi adolescentes a tantas situaciones peligrosas hacen devorar el libro página tras página en algo que bien puede asemejarse a los yonquis de Burroughs o al caminar sobre el precipicio de Bukowsky.

En definitiva, una novela para leerla de un tirón y así poder sobrellevar el sinsentido de la vida de estos chicos y la frialdad absoluta del personaje principal al relatar los hechos.

25 enero 2023

"Los celestiales nocturnos". Felipe Bochatay.

 

    Cuando el mundo se termina unos pocos seres humanos luchan contra una invasión vampírica que amenaza con destruir a los pocos humanos que quedan libres. Esta es la historia de dos de ellos que hacen lo que tienen a su alcance para enfrentarlos.





Los Celestiales Nocturnos

 

1.

—Somos dos malditos hijos de puta, ¿te das cuenta lo que hicimos?      

—Calma, calma, no nos vio nadie.

—Sí, pero lo hicimos, lo hicimos —dice Saúl mientras se toma de los cabellos con las manos y gira sobre su eje. Es una calesita sin control, tiembla, escupe, solloza.

Calmate, no seas tonto. —Intenta mantener un mal disimulado aplomo frente a su compañero—. Respirá un segundo y todo estará mejor.

—Es que no puedo —dice Saúl entre sollozos y lágrimas contenidas—. Soy un maldito gallina mi amigo, qué quieres que le haga, mirame, mirame, no puedo dejar de temblar.

—¿De dónde salió a esta hora el bicho ese? —señala Pedro al cuerpo ya frío que, desencajado y con los ojos abiertos, parece que los mirara como pidiendo alguna explicación desde el suelo.

—Ya te dije, Pedro, la puta madre, estaba en la sombra de aquel zaguán, no sé, me da la impresión que estaba muerto de hambre, si no ¿qué pintaba tan temprano a plena luz del día?

—O ha quedado rezagado anoche y el amanecer lo encontró ahí, tal vez no le quedó otra salida. —Pedro se rasca el mentón mientras mira hacia abajo y le da pataditas al nosferatu por pura y malsana costumbre. Observa hacia los costados como temiendo ver venir una horda de monstruos al ataque, pero obviamente no hay nadie más que ellos dos en ese miserable callejón al que las luces del sol bañan con su protección. Guarda sus manos en los bolsillos de la campera. Todavía, a pesar de que han transcurrido ocho años desde el levantamiento de los nosferatu, le sigue dando la misma repulsión ver a esos seres de piel entre verdosa y gris, ojos hundidos, pómulos salientes y dedos como agujas dobladas por una tenaza.

—No hay nadie en esta cortada, Pedro. Vámonos por favor.

—Dale. — Pedro toma la iniciativa mientras sus setenta kilos de fibrosa delgadez se inclinan para tomar de las manos al nosferatu. No puede dejar de sentir repulsión por tocar las manos gelatinosas del muerto, no muerto o lo que sea. Aparta la mirada de él. Todo su aspecto es espectral, tenebroso, y huele como si mil muertos se hubieran levantado de sus tumbas.

Están complicados, en definitiva han matado una persona. Pero eso no es nada. Muchas personas mueren en el transcurso del día y de la noche. Es costumbre por estos días. Sin embargo, lo importante del hecho es que han matado a un celestial nocturno y eso, tarde o temprano, se sabe en las altas esferas.

Sin más miramientos agarran al muerto, todavía con la tosca estaca de madera de pino clavada en el pecho, Pedro por los brazos y Saúl por las piernas. Al llegar al coche lo sueltan y el cuerpo cae golpeando contra el piso como si de una bolsa de papas se tratara. Abren el baúl, vuelven a tomarlo y en un vaivén elíptico, al llegar a la parte más alta de la elipsis lo sueltan y como por arte de magia cae pesadamente dentro del baúl. Acomodan las piernas del infeliz para que quede en posición fetal, sin embargo, la estaca impide un movimiento limpio y rápido. Finalmente lo doblan como pueden, crujen unos huesos, cierran el baúl y Pedro, apoyándose contra el vehículo, se cruza de brazos mientras arma un cigarrillo con el tabaco que guarda en un bolsillo de su campera de jean tan azul como raída. Saúl camina nerviosamente, sale del callejón, mira hacia arriba y a izquierda y derecha. Al no ver nada anormal regresa junto a Pedro.

El silencio comienza a ser molesto en una ciudad que otrora fuera capital de una provincia. Es tiempo del sálvese quien pueda y en particular a estas horas en que el sol ya ha comenzado a caer por el horizonte. Si una mirada furtiva e indiscreta se puede colar por entre las ventanas de los edificios no va a ser portavoz de lo ocurrido.

—¿Cómo lo mataste, decime?

—Y qué se yo, viste que me nublo cuando pasan estas cosas, se me vino, yo me acerqué al zaguán a ver que podía encontrar y me saltó el imbécil este. Lo hinqué sin más, qué querés que te diga, no le iba a preguntar sus intenciones. —Lanza una risita nerviosa a la par que todos los músculos de la panza se tensan haciendo vibrar su humanidad.

—Qué mala pata. Vinimos en vano hasta acá. Esa gente que se contactó por radio nunca apareció. —Pega una calada profunda al cigarrillo, aguanta el humo dentro de los pulmones y luego de tres larguísimos segundos lo expulsa. Fuma no tanto por vicio como para despejar de sus narices el pútrido olor que emanan esos seres.

—Deben ser los que vimos en la casa de al lado, llevan muertos muy poco tiempo y la descripción que nos dieron coincide —dice Saúl rememorando sus viejas épocas de policía sumariante en la comisaría.

—Bueno, vamos ya entonces.

Pedro toma el volante y al darle marcha el automóvil ruge como un león herido. Acelera y suelta el embrague, las cubiertas sufren al girar bruscamente por las calles desiertas, deben darse prisa. Salen del callejón y toman una calle paralela a la avenida que los sacará de la ciudad. Corren sin disminuir la velocidad en las esquinas, es más que obvio que no hay tráfico y menos a esas horas.

Desde el levantamiento de los celestiales, como así se hicieron llamar, la población humana descendió a niveles previos al imperio romano y ahora ambas especies luchan por imponerse en la tierra, una tierra que ha quedado arrasada por la ira de estos celestiales y los manotazos de ahogados de los humanos.

Pedro y Saúl solo son dos soldados de lo que queda de humanidad. Pedro, hasta la fecha del levantamiento, fue un maestro de escuela primaria con muchas horas libres dedicadas a los juegos de guerra en su play station, los juegos de disparos eran su especialidad. Saúl fue un policía de escritorio que en su mala y desganada vida ejecutó un solo disparo y difícilmente haya limpiado su arma reglamentaria en toda su carrera en la fuerza. Ambos, no les queda otra, realizan los actos que los jefes les encomiendan en la retirada hacia el norte, donde hay más tiempo diurno, donde se hacen fuertes los humanos. La recorrida del día no les dejó más que sinsabores, la familia que debían recoger en el centro de la ciudad había perecido poco tiempo antes de llegar a socorrerlos. Gajes del oficio.

Ya no lloran por esas cosas que pasan a engrosar solo las estadísticas que llevan en el refugio. Un ser humano más es un nosferatu menos. Si esa idea hubiera calado antes en lo humanos. Cuando las autoridades se percataron, y concluyeron que era necesario intervenir con una cuarentena o con las armas sin piedad, la situación ya estaba desmadrada.

Siempre estuvieron entre nosotros, solo que agazapados esperando una buena oportunidad ante el miedo a ser derrotados si daban un paso en falso.

 

2.

—Amigo, nos van a matar cuando el Maese de los Celestiales nos mande a cazar. Ya debe oler lo que traemos en la baúl, estos hijos de puta se huelen entre sí, nos van a seguir el rastro, tarde o temprano van a saber que fuimos nosotros —escupe palabra tras palabra Saúl.

—Pará un poco, loco, pará. Ya la hicimos, mala la hicimos, la cagamos fiera, pero lo hicimos. Si querés lo tiramos por ahí.

—No, hay que quemarlo —dice presuroso Saúl.

—Sí, ya lo sé, pero dónde.

Pedro encoge los hombros en señal de absoluta ignorancia, la impericia de Saúl lo sofoca.

—Estoy desbordado y loco.

—Dejame pensar —dice Pedro mientras se rasca el mentón. Ambos saben que cuando Pedro se rasca el mentón no hay mejores ideas que si no se rascara, pero es una señal, una especie de ritual, de la que una idea va a surgir y en la que Saúl se descansa.

—Esto es una agonía que nunca llega a concretarse, basta amigo, estoy podrido de esta vida, harto de estos malnacidos celestiales nocturnos —dice Saúl mientras llora y se sorbe los mocos—. Que me maten de una vez, amigo, que me coman esos hijos de puta, no aguanto más…

—Deja el teatro para después, me tenés cansado con eso, si lo deseas tanto paro acá y te bajás. —Disminuye la velocidad.

—No, no, dejame, ya está, ya está —dice Saúl mientras levanta la mano y hace aspavientos como un mal actor.

Pedro conduce en silencio; ya conoce los circunloquios teatrales de su compañero. Hay que dejarlo que hable hasta que se canse, piensa mientras las horas comienzan a jugar en contra, como un reloj de arena que se acaba de dar vuelta y los primeros granos, por la fuerza de la gravedad, comienzan a caer. Dejar tirado el cuerpo en el callejón hubiera atraído a los celestiales más próximos y ahí seríamos carne de cañón en minutos, piensa Pedro, la mejor opción es cocinar el fiambre, ganar horas productivas para la huida.

Pedro es la cabeza de este minúsculo grupo y todas las cartas se las juega en la decisión que tome. Salen de la ciudad esquivando unos vehículos que han quedado en una ruta de circunvalación a modo de barricada. Están incendiados, sin dudas producto de una vieja batalla. Toma hacia la derecha y conduce unos kilómetros más hacia el oeste por una ruta provincial menor, la que se pierde en el horizonte, la que si se sigue de largo a esa hora se choca con el sol.

—Ya está, la casa quinta de Julián, por acá debe estar —dice Pedro—. Si llegamos ahora y prendemos fuego al hijo de puta que tenemos atrás ganaremos el tiempo necesario para salvarnos. Podremos hacer noche allí inclusive. Estamos lejos del nido más cercano.

—Bueno, dale Pedrito, sos un genio. —Saúl sigue llorando mientras mira al horizonte y a Pedro, al horizonte y a Pedro. El reloj del automóvil marca las 19.00 horas. Es otoño, por lo que el sol ya está diciendo adiós.

      

3.

Llegan a los pocos minutos. Por fuera la casa de campo parece en ruinas, por dentro es una fortaleza casi inexpugnable. Es un parador que ha sido tomado por los humanos como refugio y, como tal, acondicionado para tales menesteres.

Ingresan con una llave maestra que guarda Pedro entre sus cosas. Un aire a encierro y humedad los golpea pero antes que seguir conduciendo en la oscuridad eso es un palacio.

Pedro es quien ingresa primero, lo sigue Saúl, que no cesa de sollozar como si se tratara de un niño de pecho hambriento, las situaciones estresantes lo suelen doblegar.

—Bueno deja de llorar y busca leña, no, espera, primero ayúdame a sacar el fiambre del baúl.

—Dale, lo que vos digas, Pedrito —dice solícito.

Ambos se encaminan hacia el coche, Pedro acciona el cierre centralizado y el baúl se abre automáticamente. Un vapor comienza a emanar ni bien se abre la portezuela y un pútrido hedor se impregna en las narices de ambos. A Pedro comienzan a darle arcadas pero se contiene. Saúl vomita sin más.

—Tomalo por los pies, yo de los brazos y lo tiramos al piso, después yo me encargo mientras vos buscás maderas.

Así lo hacen sin dejar de hacer más arcadas y gestos de repugnancia. Como si fueran brasas calientes lo sueltan desde la altura en que lo sacan del baúl. Cae como piedra, total que ya está liquidado.

—Con razón pueden hallar a sus compañeros tan rápido, sentí lo hediondo que se puso este en menos de una hora —dice Saúl mientras se tapa la nariz con una pañuelo de tela que lleva siempre en algún bolsillo de sus pantalones.

—Precisamente por eso, andá rápido a buscar leña, madera, lo que encuentres. Hoy hay asado —lacónico Pedro pero con un rictus en sus labios a modo de sonrisa. El olfato más desarrollado de ellos es un arma que les confiere una enorme ventaja contra los humanos. Es la lucha desigual entre un ciego y otro que puede ver, aunque los ciegos sean más.

—Sí, Pedro, lo vamos a hornear a este hijo de puta, sos un genio.

De inmediato Pedro, con todas las fuerzas que le quedan, toma las piernas del nosferatu y comienza a arrastrarlo dentro del inmueble. Los goznes de la puerta principal chirrían pero parecen firmes, tanto como la madera maciza de la puerta. Ingresa caminando de reversa con el nosferatu tomado de los pies. Muerto y estirado parece un muñeco de cera al que se le ha acercado un mechero o lo han pintado mal.

Mientras tira por las piernas flacas y largas del portador de la enfermedad, como suelen decirle a esta especie de vampiro, siente que lo va a desmembrar. Lo bueno es que es un animal de poco peso, tal vez setenta kilos, así que no sin alguna dificultad lo coloca en posición fetal dentro del hogar, que es lo suficientemente amplio como para que quepa junto con unos maderos.

En el momento en que se incorpora Pedro, luego de su labor, hace su ingreso Saúl con leña, palos y ramitas.

      

4.

—Para encender el fuego —dice Saúl.

—Dale, traeme.

Sin perder tiempo se acerca hasta el hogar y comienza a acomodar más palos sobre el nosferatu. Toma unos libros que hay tirados por la habitación y comienza a arrancar hojas y colocarlas sobre las maderas y el muerto. La tarea le toma unos minutos a Saúl que comienza a resoplar y traspirar copiosamente por la incomodidad que le genera estar arrodillado y que la panza se le corte en dos por el cinturón.

Pedro arroja un aceite, que saca de su campera, sobre el nosferatu. Al instante un aroma a cebo como el de las velas comienza a invadir el recinto. Olor a Santo, le dicen. El aceite es un dispersor de los olores del nosferatu, servirá para desorientar a los celestiales que pretendan seguir su rastro. De hacerlo arder fuera de la casa las llamas y el olor serían más intensos, por tanto prefieren asar la carne en el interior.

El fuego toma intensidad y se apodera del cuerpo en forma casi espontánea por un fósforo que arroja Pedro. Una vez que hubo tomado forma y consistencia, Saúl y Pedro se retiran unos metros de la pira. El olor que comienza a manar es inmundo pese al aceite, mil cementerios con sus tumbas abiertas no se asemejan en nada al pútrido y nauseabundo olor a muerte que destila el engendro. Saúl no puede contener las arcadas y sin llegar al baño vomita todo lo que tiene en el estómago por segunda o tercera vez. Pedro, de temple más forjado, aguanta estoicamente mientras ve arder lentamente a ese ser seco de espíritu que se cocina a las brasas. Un leve remordimiento lo corroe, ese nosferatu un día fue tan humano como él. En definitiva han matado a un ser que en algún lugar recóndito y profundo de él conservaba algún rastro de humanidad.

Pedro siempre tuvo la idea, muy común entre los humanos que cuando los nosferatu mueren un brillo en los ojos los acompaña en su última exhalación. Por lo menos esa es su teoría y la de muchos, en definitiva, para Pedro no son más que humanos enfermos.

Desde el momento en que el cuerpo comience a arder saben que tienen las horas contadas hasta que los seres de la colmena más próxima detecten a su hermano caído. Son más sensibles que mil tiburones sobre una gota de sangre en el océano.

—Montemos guardia, yo primero, una hora nomás, después vos, Saúl, andá tranquilo. —Y con un gesto del mentón lo dirige hacia una habitación alejada de la incineración casera que están haciendo.

La habitación está oscura y húmeda, sin muestras de buen trato en sus paredes quizás desde el levantamiento de los celestiales. Ello ocurrió hace ya unos ocho años, o tal vez más, quién lleva la cuenta ya. Ese día salieron de la nada, de golpe, y como si hubieran estado aguardando la señal de largada. Comenzaron a brotar de las profundidades, de las alcantarillas, de los sótanos y cuanto lugar oscuro y húmedo se pueda encontrar en las cloacas de una ciudad. Las grandes ciudades, al cabo de un par de semanas, se sumieron en el caos y la anarquía. La caída se produjo en menos de un mes. Luego todo fue retirada y resistencia.

Saúl se desparrama en el piso con toda su torpeza y gordura pero no puede dormir, está sobresaltado por la situación extrema, sabe que las posibilidades de ser hallados por la colmena de celestiales más próxima son ciertas y el festín que se harán con ellos dos será digno de los más enfermos psicópatas torturadores que la humanidad haya conocido. Por alguna razón los celestiales tienen la capacidad de mantener con vida un cuerpo durante meses sólo con el fin de torturarlo hasta el hartazgo, hasta que cuente todo lo que sabe sobre la resistencia, hasta que la víctima suplique a gritos que lo maten, cosa que es innecesario decirlo, no van a hacer hasta que no hayan saciado su sed de dominio, placer masoquista y deseos oscuros de arrancar hasta la última célula de ganas de vivir de un ser humano junto con toda su sangre.

El odio es inconmensurable en forma recíproca pues la convivencia pacífica es imposible de sostener en el tiempo. En épocas pretéritas los acuerdos de paz siempre fueron efímeros y circunscriptos a espacios reducidos. Cuando el mundo se hizo pequeño por la globalización del siglo veintiuno no hubo pacto posible a escala global. Los dados se echaron y bastó una sola excusa para que arda el globo. Ahora ambos bandos ya se han hecho tanto daño que es imposible sanar heridas y olvidar todo.

Los humanos deberán dormir una hora cada uno, si desean salvarse, aunque ni el más pesado de los cansancios puede con el estado de alarma de Pedro. El mínimo rumor o ruido lo sobresalta.

—Saúl, hey, despertate, ya es hora.

—¿He? Ah, sí, sí, que sueño loco tuve, esperá que ya me levanto.

—Una horita y nos largamos Saúl, tengo un mal presentimiento.

—¿Qué pasa? —lo interroga Saúl, sobresaltado y al borde del colapso.

—Nada, nada, dejá, son mis ideas.

      

5.

Pedro se recuesta e intenta dormir sobre la manta, trapos en verdad, que hasta hace unos minutos ocupara Saúl. Están tibias, eso es algo que siempre le importunó, rozar algo que esté tibio por el roce de otra persona, manías de una vida pasada.

Saúl se rasca la cabeza de un lado al otro, el sueño intenta vencerlo pero toma una botella de agua de las que llevaban en su vehículo y sorbe un trago, luego otro y luego otro, hasta acabar la botella. Ahora tiene que desagotar la vejiga pero antes va hasta el hogar donde asaron al nosferatu. Este ya es carbón en su mayor parte, arroja unas maderas sobre lo que queda del cuerpo para avivar la llama, con un cartón apantalla los maderos para que el fuego cobre fuerzas pero de inmediato también el olor del muerto se aviva por lo que da unos pasos atrás.

Se apoya contra el larguero de la puerta que da a la habitación donde duerme Pedro, cierra los ojos, el cansancio y el estrés lo vencen. El adormecimiento le llega tan plácido como el viento cálido que comienza a soplar los últimos días de primavera. Es una alondra que flota en el espacio, volando hacia la Luna, arrastrado por el éter que se eleva plácidamente ayudado por un mecanismo de tourbillón.

      

6.

Cuando abre los ojos mira instintivamente el reloj. Se ha quedado dormido. Mira hacia dentro de la estancia y ve a Pedro que está despatarrado sobre las mantas. Mierda, murmura entre dientes Saúl, son las cuatro de la madrugada, faltan tres horas para el amanecer y se ha dormitado por más de dos horas.

—Pedro, Pedro, levántate, son las cuatro de la mañana, nos quedamos dormidos.

—Pero que pasó, la puta madre Saúl, te dije una hora, que son esos ruidos.

—¿Cuáles? —Saúl se lleva una mano a la oreja mientras se acerca a una ventana conteniendo la respiración.

Desde el suelo, Pedro puede ver cómo la panza de Saúl se estira y contrae en arrítmicos movimientos.

—Oigo ruidos raros, Pedro, están acá, hay unos tipos ahí, atrás de los árboles —dice Saúl entre silabeos y murmullos. Comienza a temblar y a tener movimientos espasmódicos.

—¿Cuántos son?

—D…dos, creo —dice Saúl que del miedo que tiene se ha orinado en los pantalones.

—Mierda, mierda, mierda, Saúl te dije una hora, estamos muertos.

—Perdoná, amigo, perdóname, hermanito, sí, es toda culpa mía, me dormí sobre la puerta.

—Pero ¿cómo te puedes dormir sobre la puerta? —Pedro se incorpora, estira la columna y corre hacia la habitación donde está el hogar. Saca de su mochila el revólver. Gira el tambor, las seis balas están en su lugar y otras veinte o más duermen dentro de un bolsillo de la mochila—. Bien nos vamos a cargar a esos dos o tres que andan merodeando por ahí y nos largamos, estos deben ser peones de avanzada, los capos deben estar a unos minutos de la casa, ya nos olieron.

—A estos los hacemos mierda enseguida, Pedrito, dejame uno a mí —se envalentona Saúl por las palabras de su compañero.

—Abre la puerta, vamos a ganarles de mano —dice Pedro mientras le arroja el otro revólver a Saúl.

Saúl corre hacia la puerta de entrada, toma el picaporte y con el cuerpo contra la puerta cuenta: “a la cuenta de uno, dos, tres”. Grita tres como si fuera la última vez que pronunciará ese número.

La puerta se abre y Pedro, con las dos manos sobre el revólver, un .32 de los duros, de un disparo en el pecho hace caer al nosferatu que avanzaba hacia él. Un disparo certero para un ojo entrenado. El silbido de la plata al ser disparada en forma de proyectil por un arma de fuego es la combinación de aromas más agradables que pueda existir en estos días, más inclusive que las salsas que le preparaba su madre.

El segundo se refugia tras un árbol. Saúl cierra la puerta, Pedro se recompone. El techo comienza a crujir, están arriba. Pedro con una señal hacia arriba se lo hace saber a Saúl que, con el revólver ahora en su mano izquierda, corre hacia la otra habitación. Se oyen tres disparos y un grito ahogado de Saúl. Pedro gira sobre sus talones y corre al encuentro con Saúl que se encuentra de rodillas cubriéndose la cara. Su camisa está teñida de rojo. Pedro lo toma con ambas manos y aparta la mano de Saúl de su rostro, es solo un rasguño. A su lado yacen dos nosferatus muertos de certeros disparos al corazón.

Vi tres, vi tres —dice Saúl.

—No lo veo, debe haber huido.

Sin embargo, desde atrás de ambos, y sin que ellos lo adviertan, el tercer nosferatu se acerca sigiloso y hunde sus colmillos en el cuello de Pedro. Todo muy rápido, imperceptible. Gira y asesta un disparo a quemarropa, pero falla, sólo roza el brazo del celestial.

Saúl, sabedor de lo que se avecina para Pedro, huye mientras este se debate en pelea cuerpo a cuerpo con el nosferatu. Corre como se lo permiten las piernas cansadas y su prominente barriga hasta el automóvil. Le da marcha pero no responde, como en las viejas películas de terror, hasta que al cuarto o quinto intento, cuando la batería comienza a flaquear, el motor despierta de su sueño nocturno y da una escupida de humo negro junto a una atronadora lengua de fuego que arroja el caño de escape. Pone primera y huye a todo lo que da el automóvil.

      

7.

Dentro de la casa Pedro y el engendro siguen forcejeando pero las fuerzas de aquel comienzan a flaquear, el virus ya está en su sangre. El nosferatu logra asirlo con fuerza y con una llave de artes marciales hace caer desplomado en el sucio piso a Pedro.

—Sabemos que nos llaman “nosophoro”, o en la lengua vieja “νοσοφορος”, el portador de enfermedad. Sin embargo somos más fuertes que ustedes, simples mortales —lo alecciona el nosferatu que, de pie frente al humano, lo tiene rendido a sus pies. Pedro intenta reponerse sin resultado.

Pedro escupe a un costado una bola de sangre, no puede incorporarse, un pie del nosferatu en su pecho se lo impide.

—Por otro lado, ¿qué nos diferencia? Tenemos las mismas extremidades, ojos, boca, todo en nuestro interior es similar a ustedes. La diferencia es minúscula, algo en la sangre, quizás. Y sin embargo, somos los portadores de la enfermedad. ¿Quiénes son más enfermos, los enfermos mismos o quienes señalan con el dedo a los enfermos? —sigue.

—Son unos monstruos, deberían retornar a donde salieron —dice Pedro.

—Los enfermos no podemos hacer nada al respecto, más que llevar con estoicismo esto que somos. —Se toca el pecho con sus largos dedos—, y sin embargo, no soy bueno haciendo estadísticas y esas cosas de los políticos, esa sí que es una raza despreciable, en eso podemos estar de acuerdo, ellos lo llaman datos censales o algo por el estilo. —Hace girar la mano en señal de que el dato no tiene importancia—. Si hoy somos más que ustedes, entonces, te pregunto, mortal, ¿quiénes son los enfermos ahora? Pues deben saberlo ya, en breve tiempo seremos los amos de este planeta.

Pedro cae inconsciente sabiendo que al despertar será parte de una nueva comunidad, la comunidad que está destinada a gobernar el mundo cuando la batalla termine de inclinarse para el lado de los nuevos dueños del planeta, los que se hacen llamar los celestiales nocturnos.


El hombre que ya no puede estar solo y consigo mismo. Felipe Bochatay.

  «Toda la desgracia de los hombres proviene de una sola cosa: no saber permanecer en reposo, solos, en una habitación».  Blaise Pascal. H...