Desde aproximadamente 2016, RecoRol convoca mensualmente en la Biblioteca Popular General Manuel Obligado de Reconquista a una comunidad de aficionados a los juegos de rol. En su edición especial de Halloween, la ciencia ficción, el horror lovecraftiano y la fantasía volvieron a encontrarse alrededor de una mesa.
El sábado 10 de octubre, la Biblioteca
Popular General Manuel Obligado de Reconquista fue escenario de una nueva
edición de RecoRol, el encuentro lúdico que reúne a aficionados a los
juegos de rol, de mesa y de cartas coleccionables durante una tarde gris, ideal
para pasar unas horas en un evento al que llegué cargado de interrogantes.
La convocatoria, ambientada esta
vez en el espíritu de Halloween, ofrecía una oportunidad para acercarse a una
comunidad que, aunque quizá no siempre ocupe el centro de la escena cultural,
tiene mucho para contar.
Una de las mesas de rol se
orientaba hacia la ciencia ficción y la locura: Mothership. Otra se
internaba en los territorios del horror lovecraftiano: Cthulhu Dark,
donde la razón humana se enfrenta a fuerzas que la exceden. La tercera se
inclinaba hacia la fantasía: Numenera, ese territorio poblado de
criaturas, hazañas y mundos que obedecen a leyes diferentes de las nuestras. En
definitiva, tres mesas, tres maneras de imaginar lo desconocido.
La distribución tenía algo de
pequeña cartografía de la ficción especulativa. La ciencia ficción proponía
mirar hacia otros futuros; el universo lovecraftiano, asomarse a los abismos de
lo incomprensible; la fantasía, habitar realidades donde lo imposible forma
parte de lo cotidiano. Sin necesidad de grandes escenarios ni efectos
especiales, cada mesa constituía una puerta de entrada a otra realidad, poblada
de planillas, dados de muchos colores, personajes ensimismados en sus roles,
algunos participantes ataviados con disfraces, mates, galletitas y lápices de
colores. Todos, además, tenían la mejor predisposición para despejar mis dudas
cuando me acercaba a interrumpirlos.
Pero RecoRol tiene una
historia que excede esta convocatoria particular. En conversación con Nicolás
Quarín, uno de los responsables de la organización, me enteré de que el
encuentro se realiza mensualmente en la biblioteca desde aproximadamente 2016,
con la interrupción de la pandemia. Casi diez años de continuidad constituyen
un dato significativo para una iniciativa cultural de estas características,
sostenida en el tiempo alrededor de una afición que todavía suele ocupar un
lugar marginal en las agendas culturales tradicionales.
Según Nicolás, la respuesta del
público sigue siendo positiva. Además, Reconquista cuenta con una
particularidad: RecoRol es uno de los pocos espacios del interior donde
se organizan encuentros de este tipo. La persistencia de la convocatoria
demuestra que existe una comunidad interesada en los juegos de rol y que,
cuando se le ofrece un lugar de reunión, esa comunidad responde. También pone
de relieve la importancia de la buena predisposición de la biblioteca, que abre
sus puertas un sábado para hacer posible el encuentro.
La experiencia más interesante de
la visita, sin embargo, no estuvo solamente en las partidas. También apareció
en las conversaciones. La predisposición de los jóvenes al diálogo fue
excelente. Hubo interés, intercambio de ideas y una disposición genuina a
compartir conocimientos y escuchar al interlocutor. No se trataba simplemente
de observar desde afuera una afición ajena, sino de acercarse a personas
dispuestas a explicar lo que hacen, compartir sus intereses y participar de una
conversación abierta.
Ese aspecto merece destacarse. A
veces, cuando se habla de las nuevas generaciones, se recurre con demasiada
facilidad a los lugares comunes: el aislamiento, la falta de diálogo, el
encierro detrás de las pantallas de los celulares. Sin embargo, la experiencia
de RecoRol me permitió observar otra escena: jóvenes
reunidos alrededor de una actividad compartida, conversando sobre sus intereses
y construyendo un espacio en el que el conocimiento circula en ambas
direcciones.
Porque jugar al rol exige algo
más que conocer reglas. Requiere escuchar, tomar decisiones, negociar con los
demás, interpretar situaciones y aceptar que una historia puede desviarse de
los planes iniciales. En una de las mesas, justo cuando llegué, uno de los
chicos estaba a punto de morir en el vacío del espacio exterior. Sin embargo,
todos reíamos.
El azar interviene, por supuesto,
pero también lo hacen la imaginación y la capacidad de construir
colectivamente. Una partida es, en cierto sentido, una narración que nadie
controla por completo.
No es casual que estos géneros
encuentren un lugar natural en los juegos de rol. Todos comparten una misma
inquietud: ¿qué sucede cuando abandonamos, aunque sea por un rato, las certezas
de nuestro mundo?
Quizás por eso estos encuentros
tengan un interés que excede el entretenimiento. En ellos hay una dimensión
social, una forma de aprendizaje y una experiencia narrativa que se construye
entre varias personas. Sentarse a una mesa, escuchar a los demás y participar
de una historia común adquiere un valor particular en una época en la que
tantas interacciones parecen reducirse a mensajes breves y respuestas
automáticas.
RecoRol ofrece
precisamente eso: un espacio para encontrarse, compartir una pasión y descubrir
que la imaginación no tiene por qué ser una actividad solitaria. Los dados, las
cartas y los personajes son los instrumentos visibles; detrás de ellos hay
conversaciones, complicidades y una comunidad que se construye partida tras
partida.
Me fui con la impresión de que
allí había algo más que un grupo de aficionados reunidos para pasar una tarde.
Había jóvenes con intereses definidos, ganas de compartirlos y una disposición
al diálogo que desarma algunos prejuicios demasiado extendidos. Y había también
una iniciativa que, después de años de encuentros mensuales, sigue convocando a
quienes encuentran en el juego una forma de reunirse y crear.
Al final, quizá toda buena
partida de rol comience de la misma manera: alguien propone un mundo, los demás
aceptan la invitación y, a partir de ahí, nadie sabe exactamente qué va a
suceder. En RecoRol, al menos por unas horas, esa incertidumbre
se convierte en una virtud. Y los mundos imaginarios, lejos de alejarnos de los
demás, pueden ser justamente aquello que nos reúne.









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