25 mayo 2026

El tema del doble en los orígenes de la literatura fantástica latinoamericana

 

            No se puede buscar el «yo» por la mañana, hay que esperar a la noche,

a la hora en que salen los fantasmas.

 

            Uno de los temas a los que los escritores recurrieron con insistencia en los albores de la literatura fantástica y de la ciencia ficción latinoamericana fue el del doble.

            A lo largo del subcontinente aparecieron múltiples variantes de esta figura. Desde la figura sombría que devuelve el espejo o la sombra que cobra vida, pasando por la figura real que roba una identidad, el alter ego que cobra vida, o la idea del sueño como entorno en el que nuestro doble puede presentarse, hasta la posibilidad de que la teoría de las cuerdas sea cierta y que hay tantos universos paralelos con tanta gente como nosotros, por ejemplo escribiendo este artículo con una ínfima diferencia, o no.

            La literatura universal ofrece innumerables antecedentes, basta con mencionar la primera que viene a la mente, la novela de Robert L. Stevenson: «El extraño caso del Dr. Jekyll y el señor Hyde», obra publicada en 1886, donde la escisión de la personalidad adquiere una forma monstruosa que hoy podría leerse desde la perspectiva del trastorno disociativo de la identidad.

             El doble y la única mujer

            Pablo Palacio, abogado y escritor ecuatoriano, que vivió en la primera mitad del siglo XX, mantuvo siempre una preocupación en su obra por la vida urbana y el sufrimiento interior del ser humano. En 1927 publicó el cuento «La doble y única mujer», incluido en el volumen homónimo.

            Allí una mujer relata su particular experiencia en la que se percibe como un ser escindido en dos cuerpos, a los que los denomina «yo primera» y «yo segunda», cada uno con deseos y necesidades independientes y propias que pese a ello son una comunidad con un solo alma.

            Así encontramos en este relato el tema de la dualidad del ser, y el conflicto identitario mediante una fórmula narrativa que permite sortear la suspensión de la credulidad a medida que avanza la historia de la vida de esa mujer, es decir, sostiene lo fantástico sin quebrar del todo la verosimilitud.

             El difunto y yo.

            El venezolano Julio Garmendia publicó en 1927 su primer y más a famado libro de cuentos La tienda de muñecos. En El difunto y yo, un relato de tipo inverosímil, el genial vanguardista venezolano se adentra en el tema del desdoblamiento de la personalidad y del dominio del alter ego.

            En El difunto y yo vamos a ver al personaje principal, Andrés Erre, que ha extraviado a su doble. Cuando su esposa lo descubre buscándolo, él asegura que sólo intenta encontrar su sombrero. Sin embargo, una vez en la calle, comienza a sufrir una serie de peripecias provocadas, aparentemente, por ese otro yo, su doble, su alter ego, que poco a poco ocupa su lugar hasta desplazarlo por completo. En definitiva, al verse desplazado por su doble termina suicidándose pues nadie puede darse cuenta del robo de la identidad.

            Esto es así pues el Sr. Erre, que casualidad que tenga un apellido palíndromo, tiene dos caras, como en la novela de Stevenson. Y es que Andrés Erre posee una doble personalidad, por un lado es un ser respetable, que cumple con la ley y de una conducta intachable, pues que vive ajustado a los valores tradicionales y por el otro lado su alter ego, que es en cierto sentido un ser anómico, un inconformista que se aprovecha de las circunstancias.

            En este relato su alter ego irá ocupando cada vez más espacios en la vida de su otro yo, a quien acaba desplazando y expulsando de su propia existencia. Termina triunfando así la personalidad con mayor capacidad de adaptación frente a aquella que permanece ligada a las leyes y a las buenas costumbres. La crítica social subyacente resulta evidente: en un mundo racional y cotidiano aparece un elemento imposible que desestabiliza el orden y revela la fragilidad de la identidad.

            Las ruinas circulares

            El tema del doble y de la identidad, en Borges, es abundante en recursos pues ocupa un lugar central en su obra. Es famoso por su trabajo relacionado con los sueños y los espejos, abordando la temática tanto desde la narrativa como desde la poesía.

            En Borges y yo, el autor se confunde ante la imposibilidad de distinguir quién escribe y quién vive verdaderamente los acontecimientos. Por su parte en El otro, Borges se encuentra con un segundo yo más joven y lo anómalo en un sueño no del todo riguroso. También aborda el problema del desdoblamiento en El Golem, en donde la creación funciona como una forma de búsqueda de sí mismo.

El miedo a los espejos se presenta en Borges a temprana edad. Desde niño vivió atormentado por las pesadillas que lo asolaban, en particular con los espejos. De hecho sentía pavor por un viejo espejo que había en su casa.

«Los espejos y la cópula son abominables porque multiplican el número de hombres», dice Borges a través de un relato. Es que sentía temor de que el reflejo del espejo no se correspondiera con exactitud a él.

En Las ruinas circulares Borges describe un universo extraño, por fuera del mundo real y precisamente por ello podemos decir que es un cuento fantástico. El relato se centra en un evento que ya ocurrió, está relatando el pasado, un pasado asombroso en el que el personaje se siente extraño. La culpa la tiene la filosofía de Berkeley, pues el autor toma de este la idea de subordinar la realidad a la idea. De ahí que para el idealismo las cosas no existen por sí mismas, sino como representaciones de una conciencia.

Así veremos a un hombre, un mago, que llega a un lugar, las ruinas circulares, con la idea de soñar un hombre. Fracasa, pero luego de otros intentos lo logra al pactar con un Dios, el Dios del Fuego. Logra animar a su muñeco soñado al que envía a otras ruinas circulares que hay río abajo.

Sin embargo, el desenlace revela que el propio soñador también es el sueño de otro, un mero simulacro. El relato propone así una cadena infinita de simulacros y desdoblamientos donde toda identidad resulta precaria.

Borges volverá sobre esta idea con un poema:

 

Dios mueve al jugador y este, la pieza.

¿Qué Dios detrás de Dios la trama empieza

de polvo y tiempo y sueño y agonías?


 


La trama celeste

Finalmente llegamos al tema del doble en un relato extraordinario que alcanza una de sus formulaciones más sofisticadas, me refiero a La trama celeste de Adolfo Bioy Casares (1914-1999), ese exquisito escritor argentino que durante un tiempo vivió a la sombra de Borges pero que supo ganarse su lugar en la literatura de ciencia ficción aunque él nunca reconozca a su obra, o parte de ella, como de ciencia ficción.

La trama celeste es un libro de cuentos publicado en Argentina en 1948, contiene seis cuentos entre los que se encuentra el que le da título al libro. En este cuento, que inobjetablemente es una obra de ciencia ficción, el tema del espacio y el tiempo son tratados de una manera muy particular, desarrollando la idea de que existen infinitos mundos paralelos que se tocan unos a otros por ¿cuerdas? En estos mundos las variaciones espacio-temporales son tan ligeras que sólo un lector muy atento podrá admirar la construcción de este universo por Bioy Casares. Ello lleva a pensar que esos universos deben ser, y de hecho lo son, infinitos.

Una de las características más importantes en Bioy Casares es que detrás de casi todas sus historias existe un universo contenedor o alguna idea filosófica o científica subyacente que la justifique.

En este caso el autor retoma las ideas de Louis-Auguste Blanqui y su obra La eternidad a través de los astros, de 1872, de donde se nutre, para poblar este cuento de mundos paralelos, de los personajes dobles y triples y del espacio que se curva y se toca con otros espacios.

La historia comienza con un breve epígrafe a título de presentación. Esta, titulada «Las aventuras del Capitán Morris» está escrita en primera persona por quien en verdad no es el personaje principal, sino por Carlos Alberto Servian, quien relata las peripecias de un soldado argentino, Ireneo Morris, piloto de pruebas de la aviación argentina. Durante uno de sus vuelos experimentales Morris sufre un accidente resultando herido. Al despertar es interrogado por sus propios pares, que no lo reconocen. Los militares argentinos sospechan que es un espía, por lo que lo mantienen detenido.

En medio de esa situación aparece una enfermera (debe tenerse en cuenta que las mujeres siempre fueron personajes fuertes en su obra) que lo ayuda a escapar pese al riesgo que ello implica.

En definitiva Bioy Casares nos presenta tres mundos en donde las diferencias son mínimas, muy sutiles, y en las que Ireneo Morris deberá con un sentido casi detectivesco ir descubriendo esos sutiles matices para salir airoso de lo que considera una broma del destino.

Finalmente sabremos que el narrador es un compañero de aventuras de Ireneo Morris que lo acompaña viajando entre los diferentes universos paralelos a la vez que otros casi idénticos Ireneo Morris se entrecruzan en diferentes aventuras.

En cada uno de los mundos los personajes son idénticos pero a poco que se investigue se observan sutiles diferencias de carácter, por lo que el tema del doble, tan trabajado en la literatura también acá se ve reflejado. A saber: los mundos sufren sutiles diferencias, vr. gr., en uno de los mundos Cartago no fue destruida por los romanos, por lo que la cultura cartaginesa está presente en ese universo del s. xx, por ejemplo en las calles o en los nombres de las personas.

Bioy Casares construye así tres realidades paralelas en las que el protagonista debe actuar casi como un detective para advertir las pequeñas variaciones que distinguen a cada universo. Es que al duplicarse los planetas sobre el universo, también lo hacen todas las cosas y seres que viven allí. Blanqui distingue dos tipos de dobles, el que es exactamente igual y el que no, es el que tiene variantes, muy ligeras en este cuento, que son los que le dan riqueza al relato.

Las diferencias más sutiles pero no por ello menos importantes están en las personalidades de los actores de esta trama. Algunos en un mundo son bondadosos y en otro son egoístas. En uno se está enfermo y en el otro no. En otro caso un personaje aparece en la trama pero en otro no. En definitiva, según Blanqui, las múltiples variantes, como si de una compleja partida de ajedrez se tratara, se da con las conductas de los hombres, sus acciones desencadenan tantas posibilidades como mundos hay.

Sutilmente con ello Adolfo Bioy Casares nos trae la tranquilidad existencialista de que no estaríamos confinados a vivir una eternidad de repeticiones sino que esas sutiles diferencias nos pueden hacer vivir infinitas aventuras en una cuasi eternidad física.

El final del relato es tan bello como revelador y resume magistralmente esa concepción:

La explicación es evidente: En varios mundos casi iguales, varios capitanes Morris salieron un día (aquí el 23 de junio) a probar aeroplanos. Nuestro Morris se fugó al Uruguay o al Brasil. Otro, que salió de otro Buenos Aires, hizo unos «pases» con su aeroplano y se encontró en el Buenos Aires de otro mundo (donde no existía Gales y donde existía Cartago; donde espera Idibal). Ese Ireneo Morris subió después en el Dewotine, volvió a hacer los «pases», y cayó en este Buenos Aires. Como era idéntico al otro Morris, hasta sus compañeros lo confundieron. Pero no era el mismo. El nuestro (el que está en el Brasil) remontó vuelo, el 23 de junio, con el Breguet 304; el otro sabía perfectamente que había probado el Breguet 309. Después, con el doctor Servian de acompañante intenta los pases de nuevo y desaparece. Quizá lleguen a otro mundo; es menos probable que encuentren a la sobrina de Servian y a la cartaginesa. …”


En este relato, en resumen, Bioy Casares introduce una idea profundamente existencial: quizá no estemos condenados a repetir eternamente la misma vida, sino destinados a desplegar infinitas posibilidades de nosotros mismos a través de innumerables mundos, donde el doble deja entonces de ser únicamente un fenómeno psicológico para convertirse en una consecuencia cósmica. Si los mundos se duplican, también se duplican las personas, las conductas y los destinos.

19 mayo 2026

Memorias del subsuelo, de Dosto.

 


“Soy un enfermo. Soy un malvado. Soy un hombre desagradable. Creo que padezco del hígado”. 

Así comienza Memorias del subsuelo, de Fiódor Dostoievski, tal vez la obra más filosófica del autor.

¿Crítica social? ¿Desmantelamiento de la racionalidad moderna?

07 marzo 2026

Kentukis, o la transformación de la intimidad. Felipe Bochatay.

 


 

                          (Imagen: https://www.penguinlibros.com/ar/ciencia-ficcion/165345-libro-kentukis-9789877690248)


Géneros: Ciencia Ficción. Novela Psicológica.

Editorial: Penguin Random House.

Idioma: Español.

Año de publicación: 2018.

Páginas: 221.

 

En tiempos de therians (por lo efímero de las modas tal vez sea más preciso decir «momentos») y otras modernidades desbocadas, Kentukis, que ya tiene unos años, parece tan cercana como antigua a la vez.

Publicada en 2018, se me antoja ubicada en un mundo casi pre IA, pre pandemia COVID, y quizás apenas gobernada por los smartphones y toda esa parafernalia de aplicaciones que hoy manejan a su antojo al ser humano.

           Lo que en un principio se pensaba como una herramienta para acercar a las personas, hoy los smartphones y las redes sociales son vistas como un factor ambiguo, en el mejor de los casos, que alejan a la vez que acercan de una manera mucho más líquida y liviana a las personas. Es que las consecuencias no deseadas de la modernidad, denominadas por sociólogos como Giddens, Bauman, Beck o Luhmann, como «efectos colaterales perversos», incluyen la producción de riesgos incalculables, la destrucción ecológica, la fragmentación social y la incertidumbre existencial. Esta «modernidad desbocada» sustituye la tradición por una vigilancia constante, un desanclaje de las relaciones sociales y la «colonización del futuro».

          Al decir de Giddens, la globalización trajo aparejada procesos de desanclajes y reanclajes en espacios y tiempos concretos que modificaron, y homogeneizaron, las prácticas y relaciones locales con las globales en lo que él denomina la «transformación de la intimidad». Así las relaciones sociales se van a ver reestruturadas en contextos en que los individuos se nutren de mecanismos donde este tipo de relaciones se extienden más allá de los vínculos locales para llevarlas hacia nuevos contextos de presencialidad mediados por el tiempo y en particular por el espacio.

          Precisamente de eso trata la novela de Samantha Schweblin (Buenos Aires, 1978). La escritora argentina, radicada en Berlín, nos trae una obra que considero a la vez luminosa y triste, de una realidad anticipativa en todo caso, de un presente tan desanclado del viejo y sólido mundo pre internet en el que el  tándem voyerismo-exhibicionismo quedaba reducido a cuatro sórdidas paredes.

           En Kentukis la autora nos habla de una sociedad quebrada por la soledad y atravesada por los nuevos dispositivos electrónicos, chupetes que calman la ansiedad de este mundo que no se comprende. Con un poco de esfuerzo podemos decir que es una novela de ciencia ficción, si queremos encajarla en los arbitrarios corsés, los dichosos catálogos de los géneros literarios. Más allá de eso, la novela está ambientada en un presente no tan lejano al nuestro, tal vez un poquito alterno, pero no lo suficiente para pensarla como una ucronía y menos una distopía.

            La estructura de la novela es bastante simple, tan simple como los muñecos Kentukis, en un abanico de historias, que al final de la novela se cierran en forma independiente, pero siempre con un sabor amargo, nos habla de esa fragmentación social que se va a ver reflejada a lo largo de las historias. Vamos, que en definitiva no son otra cosa que la incertidumbre existencial que provoca esta modernidad de riesgos incalculables.


      (Imagen: https://eternacadencia.com.ar/blog/samanta-schweblin-ldquo-siempre-estoy-con-la-cabeza-puesta-en-el-cuento-  rdquo-?srsltid=AfmBOoqXDWvlOTEhe4L8cgfr2bN66siO0cuJ5-dNpqoITx7GjLBQgnB8)


Por este camino escogido por la autora Kentukis es una novela coral. Los personajes no se tocan, cada uno tiene su propia historia que, si bien se entrelazan con personas de otras latitudes, cada una es tan solitaria como su reverso, o como las otras historias paralelas. Hasta en esto se nota la soledad que nos quiere transmitir Schweblin.

           Así podremos seguir distintas líneas argumentales en todo caso, tan tristes como patéticas algunas. A saber: el caso de Alina, una chica argentina que vive en un pueblo de México con su novio Sven, un artista conceptual que la engaña y descuida mientras el Kentuki es disputado por ambos en forma velada; o Emilia, una señora mayor que padece la ausencia de su hijo, pero que le regala un código para que sea un Kentuki conejo derivando a un casa en Alemania con una pareja extraña que llega a acosarla por su negligencia tecnológica bañada de buenas intenciones.

También tenemos las historia de Enzo, un ausente padre italiano que por complacer a su ex mujer, con la que enfrenta una disputa judicial por la tenencia de su hijo, compra un Kentuki topo del cual se obsesiona; o Marvin, un niño que quema los ahorros de la madre y que solo quiere ser libre para así conocer lo que es la nieve; o Grigor, que aprovechándose de un vericueto legal planea ganar dinero lucrando con los códigos de Kentukis al mejor postor, pero que descubre lo más macabro del ser humano a través de uno de esos peluches.

Entonces, bajo qué premisa se sostiene la novela. Las redes sociales gobiernan nuestras vidas y la salida al mercado de un juguete, que más que eso es un dispositivo electrónico, denominado Kentuki, que permite el acceso a la vida de otras personas por dos vías. Se puede ser «amo» o «mascota». De esta forma, al comprar uno de estos muñecos con ruedas y cámaras de video (hay opciones: oso panda, dragón, conejo, topo y cuervo), uno puede ser amo de un Kentuki y por lo tanto tener a ese aparato circulando por la casa, lo que permite que un extraño acceda a la exposición de la vida del «amo» o se puede «vivir», en el sentido de ser mascota de un «amo» y experimentar el sumun del voyerismo, dado que el controlador del peluche es una persona elegida al azar en cualquier parte del mundo.


Con ello se expresa el paroxismo de los extremos de la tecnología: el anonimato, y todos sus peligros relatados con contundencia por Schweblin, de las redes como una consecuencia no deseada de esta modernidad producto de este híper industrialismo de tercera generación que ha creado un entorno artificial generalizado e ha instalado la idea de vivir en «un solo mundo» y cada vez más chico.

Por ello digo que es tan actual la temática, porque tal vez no tomemos dimensión de todo lo que hacemos en las redes sociales y con nuestros teléfonos todos los días de nuestra vida, asesinando nuestra vida privada.

Finalmente veremos un triste final en casi todas las historias pues, como sucede ahora, un Kentuki es un dispositivo electrónico como cualquier otro que termina provocando agobio, desilusión y malestar, porque las relaciones que ayuda a establecer suelen ser tóxicas, mediadas por veladas intenciones gracias al anonimato o a la falta de sensibilidad que nos han provocado la sobreexposición en las redes sociales.

Para colmo de males, y con buenas intenciones, a veces acabamos en la misma retórica: los dispositivos electrónicos son neutros, como siempre nos han hecho creer desde Silicon Valley, y toda la monstruosidad no está dada más que por los seres humanos que actúan como agentes y vehículos de esos peligros. No es otra cosa que nuestra «inseguridad ontológica de usuario» al depositar nuestra confianza en sistemas socio-técnicos de los cuales tenemos, vale decirlo, un conocimiento vago.

En resumen, la novela plantea un «existir para otros», sin que ese otro importe quien es, lo importante es que «sea alguien». Quizás por eso la autora, con una escritura llana y un tanto plana, nos traslada el juicio moral de sus actores hacia el lector, pues ella se encarga de describir los hechos que no son más que la exposición del alma humana, su desesperación por la soledad, la falta de esperanzas o la imposibilidad de mantener relaciones humanas sanas y duraderas; es en definitiva la búsqueda incesante de ese pulgar para arriba que tanto bien nos hace, esa búsqueda permanente de aprobación y de reconocimiento.

Finalmente, a modo de conclusión, podemos decir que Schweblin utiliza los Kentukis, la tecnología en definitiva como sistema experto, como excusa para narrar y explorar temas filosóficos en los que la experiencia humana es mediada por la soledad. Y eso es lo que tiene de inquietante la novela. Más allá de las inseguridades físicas, una anciana que se siente amenazada desde otro continente, un personaje anónimo que llama por teléfono, etc., la autora nos habla de los miedos humanos, los vínculos precarios mediados por las tecnologías, la desesperación o la tristeza de este mundo que se entiende cada vez menos como consecuencia de estas relaciones sociales restructuradas.

Premiada y elogiada por la crítica, Premio Mandarache 2020 (El premio Mandarache de Jóvenes Lectores fue elegido por votación de 6 mil jóvenes de entre 12 y 30 años), la revista The New York Times, en su edición en español, incluyó a Kentukis como una de las 10 mejores novelas del 2018; además fue finalista del Man Booker International Prize, finalista también de los premios Kelvin 505 del año 2019, es una novela de lectura ágil por lo fragmentada, pese a la profundidad de los temas que aborda más allá de los simpáticos e inocentes peluches con ruedas.

27 febrero 2026

El juego del ahorcamiento. Entre lo sociológico y lo macabro. Felipe Bochatay.

 

                                              (Imagen: https://helen-marshall.com/)


«Vivir tan cerca de la muerte te volvía un poco loco»[1].

La autora.

  El juego del ahorcamiento (The Hanging Game, el título en inglés) llegó a mí gracias a la traducción al castellano de @marcheto para su blog Cuentos para Algernon[2]. Si bien es un relato que ya tiene sus años, publicado en 2013, esta es «... una inquietante historia... », al decir de la misteriosa Marcheto, artífice de estas enormes traducciones.

            Si bien la propietaria del proyecto de Cuentos para Algernon lo describe a la perfección[3], no por ello voy a dejar de mencionarlo también. Su autora, Helen Marshall[4], es canadiense y posee un Doctorado (PhD) en Estudios Medievales por el Centre for Medieval Studies, Universidad de Toronto, y está especializada en literatura medieval.

                                                        (Imagen: https://x.com/CuentosAlgernon)

            Ha ganado los Premios World Fantasy Award, Shirley Jackson Award y Sydney J. Bounds Award. Asimismo ha sido finalista de premios como el Bram Stoker, British Fantasy Award, Aurora Award y Sunburst Award.

            Como dice en su página web, es una escritora que aborda, desde la ficción especulativa (fantasía, terror, ciencia ficción), el diálogo entre pasado y presente, el uso de los mitos, la corporalidad, la memoria, la herencia cultural y el trauma histórico. No por algo realizó estudios posdoctorales en la Universidad de Oxford, centrada en la literatura producida durante el período de la Peste Negra del siglo XIV. Actualmente se desempeña como Senior Lecturer en Escritura Creativa en la Universidad de Queensland (Australia).

                                                     (Imagen: https://helen-marshall.com/)

          Publicado originalmente como relato independiente en la revista digital Tor.com en 2013, un sitio web que publica ficción corta de ciencia ficción y fantasía, luego se publicó en el libro de cuentos Gifts for the One Who Comes After (2014). Entre sus obras encontramos: Hair Side, Flesh Side (2012, relatos), The Migration (2019, novela), The Gold Leaf Executions (2023, novela) y la más reciente The Lady, the Tiger and the Girl Who Loved Death, publicada hace solo unos meses, en 2025.



                                                          (Imagen: https://helen-marshall.com/)

            En su página podemos leer que su novela debut, The Migration (2019), abogaba por la necesidad de mantener la esperanza, incluso en las peores circunstancias. Fue uno de los libros de ciencia ficción más destacados del año según The Guardian. Asimismo en 2020, fue preseleccionada para el Premio Sunburst de Literatura Fantástica Canadiense, así como para el Premio Robert Holdstock a la mejor novela de fantasía y el Premio August Derleth a la mejor novela de terror de la British Fantasy Society. Fue la segunda vez en la historia de los premios que una novela figuraba en ambos premios, y la primera vez que una escritora lo hacía.


                                                       (Imagen: https://helen-marshall.com/)

El juego desde la ciencia. Karma y misterio.

            El karma puede manifestarse de muchas maneras, o por lo menos así lo percibo. En este caso la autora recurre a un juego que, al parecer, es bastante común entre los adolescentes y que ha sido objeto de estudios sociológicos dentro del amplio campo de los comportamientos adolescentes.

Según E. Barbería-Marcalain ab, J. Corrons-Perramon a, J.M. Suelves c, S. Crespo Alonso a, J. Castellá-García a y J. Medallo-Muñiz en El juego de la asfixia: un juego potencialmente mortal[5] (The choking game: a potentially lethal game):

 

«Los juegos asfícticos son un comportamiento conocido entre los adolescentes, pero no descrito hasta el momento en la literatura científica española. Se trata de comportamientos que buscan una breve euforia debida a la disminución del flujo de oxígeno en el cerebro... A partir de los 14 años se incrementa notablemente la incidencia de lesiones derivadas de mecanismos no intencionados (como colisiones de vehículos, caídas, e intoxicaciones) e intencionados (agresiones, intentos de suicidio, etc.), que constituyen el primer grupo de causas de mortalidad entre los adolescentes de 15 a 19 años de ambos sexos, aunque de forma más relevante en el grupo de los chicos (representan el 79,3% de los fallecimientos)...

«Descripción del caso: … Adolescente varón de 15 años, hallado cadáver a las 20h de un día laborable por su madre en una habitación de su domicilio habitual, en posición de genuflexión, con los codos apoyados sobre un colchón y el cuello colocado dentro de un lazo en forma de «U» atado a la parte alta de la litera. En el momento del fallecimiento el adolescente jugaba con el lazo a comprimir progresivamente el cuello y experimentar la sensación de reducción de aporte de oxígeno... ».

 

Alerta spoilers. El cuento.

Recurro a esta nota introductoria porque es interesante observar cómo la ficción se suele nutrir de la realidad para producir una obra, en este caso literaria, que Helen Marshall se encarga de llevar por vericuetos espeluznantes.


                               (Imagen: https://cuentosparaalgernon.wordpress.com/author/marcheto/)

Entonces, regresando al relato, de una veracidad sociológica impresionante, unos adolescentes, que viven en una zona apartada, boscosa, dedicada a la explotación maderera y en la que suelen aparecer osos, tienen por costumbre jugar un juego que roza con lo ritual dadas las reglas y métodos aplicables.

 

«... nosotros éramos niños y no podíamos disparar a los osos, de modo que para nosotros quedaba el juego del ahorcamiento. Esas eran las locuras que se apoderaban de nosotros. Osos y ahorcamiento. La primera vez que jugué no era más que una cría flacucha de doce años a la que le estaban saliendo las pecas estivales... »

 

En el relato, contado en primera persona por Skye, de doce años, ella y su hermano, Travers Thornton, de quince, se adentran en el bosque lanzados a jugar o en todo caso realizar el ritual.

                                            (Imagen: https://helen-marshall.com/)

«Para nosotros, el juego del ahorcamiento era algo sagrado, lo más sagrado que conocíamos, con una excepción, de la que también os tendré que hablar, que eran los osos... Todos teníamos que jugar, burlando a la muerte... ».

 

El juego del ahorcamiento, como también lo detalla el estudio sociológico, tenía reglas claras que, según Skye, no debían saltarse.

 

«El juego del ahorcamiento tenía reglas, sí, las siguientes: había que utilizar cuerda de seguridad para trabajos de altura, como ya he dicho, y tenías que robarla; el árbol debía ser un fresno y había que participar de manera voluntaria. Nadie podía obligarte. No podías jugar en respuesta a un reto, desafío o provocación, no funcionaría».

 

Travers Thornton entonces oficia de sacerdote y ejecutante del ahorcamiento de su hermana. Así Skye comienza a relatar cómo fue su iniciación.

 

«Skye Thornton —dijo—, te entrego a Mentoncaído, el Lancero, la Carga del Patíbulo. Te entrego al Padre de los Osos. —Y tocó mi costado izquierdo con la vara de castaño que había traído para ello—. Ahora cuéntame qué ves».

 

Eso es lo impresionante del relato, que si se cumple al pie de la letra con el ritual, llegan mensajes crípticos del algún lugar, o del más allá, presumiblemente en forma de epifanías, que deben interpretarse, pero de una verdad implacable. Así que luego de pender colgada de la soga, su hermano la golpea con la vara y la descuelga. Con ese golpe, ejecutado con una vara de castaño en el costado, invoca a Montecaído, y luego el sacerdote, y solo él, puede escuchar la epifanía del casi muerto, esa verdad revelada que, aunque demore años en cumplirse, indefectiblemente sucede cuando sale de la boca de quien pendió de la soga hasta casi la muerte y que yace inconsciente en el piso.


                                              (Imagen: https://helen-marshall.com/)

Sin embargo, recuerda Skye, en una de las experiencias la cosa terminó mucho peor.

 

«No recuerdo qué le conté a Travers. Ninguno sabíamos lo que habíamos visto, y a nadie se le permitía hablar de ello después. Esas eran las reglas. No obstante, me acuerdo de algunas de las historias».

 

La última vez que juegan el juego una niña muere. Como ocurre lo sabemos gracias a Skye que se encarga de llevarnos al bosque junto a sus amigos. Cuando comienzan con el ritual, una adolescente pende del árbol, apenas descansando los pies sobre un apoyo, pero hace su inoportuna aparición un oso. Los niños se asustan, huyen, y la cosa se sale de control.

 

«Aquel día habíamos ido a jugar cuatro: Travers y yo, Ingrid Sullivan (la hija del tractorista que había matado dos osos más que mi padre aquel verano) y Barth Gibbons».

 

                                                        (Imagen: https://helen-marshall.com/)

El oso huye, se va, pero para los niños la situación es desesperante, Ingrid pende de la soga dando sus últimos estertores. La descuelgan y Travers...

 

«Travers había salido de debajo y ahora tenía la oreja pegada a su boca. Al principio creí que estaba tratando de averiguar si aún respiraba, pero claro, no era eso, estaba escuchando. Estaba escuchando para asegurarse de no perderse ni una de las palabras que ella dijera... lo que habló esa voz áspera y susurrante que no alcancé a oír bien... No sé qué dijo, pero Travers palideció y, cuando ella concluyó, su cuerpo dejó de temblar... —El viejo Mentoncaído quería que ella pagase la deuda de sangre de su padre —dijo Travers... »

 

Es acá donde el cuento abre otro camino distinto al que venía transitando. Entra en juego el karma. Ingrid era la hija de quien detentaba el record en matar osos en la zona.

Según nos relata Skye el padre de Ingrid, el viejo Sullivan mató, con un Remington modelo 7, a once osos en una semana, algo de lo que un tanto livianamente se lamenta nuestra protagonista ya que su padre no logró romper ese record, asesinando tan solo a nueve osos en una semana.

Este dato no es menor dado que, luego de que el juego iniciático saliera mal,  el karma, o Montecaído, como quieran llamarlo, se cobra revancha. Ingrid muere en la soga y Skye deberá pagarlo de otra manera, con su cuerpo, las sandeces de sus padres. Porque quien nos cuenta la historia es la Skye adulta que ha superado la prueba.

 «... No te rindas, ¿vale? Ya casi has terminado de pagar... », le dice Travers por teléfono, luego de que Skye pierda nueve embarazos.

 Entre lo raro y lo espeluznante. Algunas palabras finales

En resumen, el relato, que aparenta referirse acerca de unos niños casi adolescentes, sirve de excusa para otra historia que lentamente sube a la superficie, la de la matanza de osos de forma casi deportiva por los adultos del pueblo y el consiguiente karma.

De esta forma podemos decir que, jugando con las ideas de Mark Fisher acerca de lo raro y lo espeluznante, en relación a este relato, ambos conceptos son fuente primigenia del terror. En este sentido, lo raro es «… aquello que no debería estar allí…»[6], en algo que no encaja con la realidad cotidiana o, mejor dicho, con la forma que tenemos de concebir la realidad; y lo espeluznante se refiere a una falta, «… a un tipo particular de experiencia estética…  (que) se constituye por una falta de ausencia o por una falta de presencia…»[7]

A todo ejemplo, osos pueden aparecer en cualquier lado, chicos que juegan a asfixiarse, también, pero aquello que no debería estar allí es que los ahorcados digan sus premoniciones en trance, unas premoniciones de una absoluta certeza. La sensación de lo espeluznante (the eerie) surge en este cuento, siguiendo a Fisher, si hay una presencia cuando no debería haber nada, en este caso la voz premonitoria que aparece cuando el juego, que puede ser raro, pero no espeluznante y que funciona como dispositivo de activación de lo espeluznante.

Más que introducir una alteridad monstruosa, El juego del ahorcamiento nos revela que el mundo ya estaba habitado por una presencia que no podemos controlar. El efecto inquietante del relato no proviene de la aparición explícita de lo imposible, sino de la idea de que determinados procedimientos, como un juego, una fórmula, una repetición ritual, permiten que algo latente se manifieste, en este caso bajo la forma del karma.

En los términos propuestos por Mark Fisher, el cuento se inscribe con mayor claridad en la categoría de lo espeluznante que en la de lo raro. No se trata de una ruptura visible del orden de la realidad, sino de la percepción de una presencia o una respuesta allí donde no debería haber nada. El verdadero horror no es que algo extraño llegue, sino que algo responda de la forma en que lo hace.



[1] Todos extractos del relato corresponden a la traducción de Marcheto en https://cuentosparaalgernon.wordpress.com/2026/01/19/el-juego-del-ahorcamiento-de-helen-marshall/

[2] https://cuentosparaalgernon.wordpress.com/

[3] https://cuentosparaalgernon.wordpress.com/2026/01/19/el-juego-del-ahorcamiento-de-helen-marshall/

[4] https://helen-marshall.com/

[5] https://www.analesdepediatria.org/es-linkresolver-el-juego-asfixia-un-juego-S1695403310003127

[6] Lo raro y lo espeluznante. Mark Fisher. Alpha Decay. Barcelona. 2016. Pág. 12.

[7] Ídem 6. Pág. 75.

El tema del doble en los orígenes de la literatura fantástica latinoamericana

              No se puede buscar el «yo» por la mañana, hay que esperar a la noche, a la hora en que salen los fantasmas .            ...