Muy buenas!
-------- https://www.ciencia-ficcion.com/opinion/op02900.htm
Literatura, artes, sociedad y algo más por Felipe Bochatay
Muy buenas!
Internados en el nido del cucú
Una aproximación a la obra de Ken Kesey
y Milos Forman
desde la Sociología de Erving Goffman.
Palabras: Jack Nicholson, lobotomía, interaccionismo simbólico, institución
total, teatro, sociología, panóptico, antipsiquiatría, psiquiatría.
Hay
películas que quedan grabadas en la mente de las personas. Escenas, diálogos,
una imagen. La imponente presencia de Jack Nicholson en la película “Alguien
voló sobre el nido del cucú” es una de ellas. El mentado film es una
obra adaptada de la novela “One Flew Over the Cuckoo's Nest”, de
Ken Kesey de 1962[1], y fue dirigida por
Milos Forman en 1975.
El
personaje que interpreta Jack Nicholson es apabullante por donde se lo mire,
destila desparpajo, desinhibición y aterra cuando uno se percata hacia dónde
transita inexorablemente el personaje.
Hasta acá nada que no se haya comentado
antes. El hecho es que esas imágenes de una persona díscola que ingresa a un
manicomio para salvarse de la cárcel me disparó directamente hacia un trabajo
sociológico de uno de los grandes científicos de esta ciencia del siglo XX, la
obra es “Internados: Ensayos sobre la situación social de los enfermos mentales” del
sociólogo E. Goffman.
Sobre la relación entre ambas obras trataré de aclarar algunas ideas, ya que si
bien muchas películas enfrentan el tema de la salud mental desde diferentes
perspectivas, preconceptos o ideologías esta se centra en un momento histórico
concreto en donde la lobotomía se encontraba en su apogeo.
Quien
vio la película a los pocos minutos podrá idearse lo mal que terminará
McMurphy. Desde las primeras escenas destila “su demencia”, tal es así cuando a
su arribo besa al policía que le quita las esposas y lanza alaridos o cuando
dirigiéndose al director del hospital le diga que “nada funciona bien en mi
cabeza”. Este granuja llega al manicomio como un triunfador, inmerecido por
cierto, y en algún lugar de nuestros corazones deseamos decirle: “hey, amigo,
vas camino a la muerte (o la locura, cual peor)”.
Por
ello me pareció interesante desarrollar una lectura de la película (y su
libro) a través de una investigación científica, de la obra de E.
Goffman ya que, y esta es la idea central, las
modas, costumbres, gustos estéticos o estado de la ciencia son reflejados por
las artes (literatura, cine, pintura) casi en el mismo momento en que ocurren.
Como primer punto de comparación podemos traer a colación una
razón por la que las obras tienen tantos puntos en contacto. El libro de Goffman, “Internados”, fue el resultado de la investigación de
campo que realizó entre 1955 y 1956 en un hospital psiquiátrico de Washington.
Goffman trató de pasar
desapercibido presentándose como ayudante del director de gimnasia, aplicando
estrategias micro-sociológicas cercanas a la etnología.
Por su parte se sabe que Kesey pasó
un tiempo trabajando como enfermero en un hospital psiquiátrico de California,
EEUU. Allí pudo interiorizarse sobre cómo trataban a los internos desde la
institución y también experimentar con las drogas que a los internos les eran
suministrados. A ello se debe el perfecto detalle de los ambientes, la
pulcritud de los uniformes, etc.
Además la historia de esta película nos hace vislumbrar una época
en particular, EEUU entre la época de postguerra y hasta los años 70.
Interesante es ver que durante ese lapso de tiempo los EEUU vivieron sin dudas
la mejor de sus etapas en lo referente al estilo de vida logrado por la
sociedad. Es la época del “baby boom”, del Welfare State y del pleno empleo. Y
misteriosamente es también una época en donde se desarrollan distintas ideas
acerca de la lucha contra el sistema[2].
Así
comprendemos porqué McMurphy encarna a una persona que lucha contra el sistema
(las reglas del hospital) desde una postura egoísta, dado que intenta lograr
beneficios a costa de torcer las normas, y en donde se presenta una analogía de
la lucha contra una sociedad opresora, en este caso representada por la
enfermera Ratched, símbolo de férrea autoridad interpretada por Louise
Fletcher.
El
orden y las restricciones que operan en el hospital nos recuerdan las reglas de
muchas sociedades. La individualidad de cada “interno” se
torna conjunta y por consiguiente representa a aquella que busca por momentos
adaptarse, sentirse parte de la sociedad y por otro momento se resiste y solo pide
tolerancia. A través de los pasillos de un hospital psiquiátrico esta película
cuestiona el sistema de salud mental norteamericano en tiempos donde los
derechos humanos eran invisibles ante el avance tecnológico de los nuevos
conocimientos en neurología. Por ello vemos a los enfermos del pabellón que le
toca en suerte a Mc Murphy andar de un lado para el otro todos “en bloque”,
privados de autonomía, de su individualidad.
Cuando vemos esta película debemos
situarnos entre los antes dicho y lo siguiente: Mc Murphy es un violador e
inadaptado social de espíritu libre que finge demencia para ser recluido en un
hospital psiquiátrico con la idea de escapar a un régimen carcelario que
considera un excesivo castigo a sus delitos y que no está en sus planes purgar.
Él dice algo así como que está con una pandilla
de locos para evitar ir a la cárcel.
En una de las primeras
escenas de la película se observa el ingreso de McMurphy al hospital. Con el
director del Hospital tiene una reunión y dialogan sobre los motivos por los
cuales fue internado. Hay que destacar dos caracteres en la personalidad de
McMurphy: el de vago, indicador que
podría ser síntoma de su locura ya que esto se corresponde con parte del
discurso civilizado de la época cuando se consideraba como la cuestión más
miserable a un hombre holgazán. El otro es su carácter de pendenciero, dicho de
otra forma: irrumpía contra el orden.
Pero la pegajosa tendencia
de Mc Murphy al desorden y a la desobediencia establecidos como su
estilo de vida choca rápidamente con la inflexible disciplina impuesta
dentro del establecimiento. En definitiva vemos como minuto a minuto nuestro
protagonista comienza a padecer su nuevo lugar de vida. Así a la par que padece
su nueva realidad, no se alecciona y contagia su tendencia al desorden y su
sentido de la vida choca muy pronto con la estremecedora rutina de los
habitantes del manicomio.
A lo largo del film vemos
como sus compañeros de “hospedaje” vienen a darse cuenta de que existe algo muy
diferente a lo que están viviendo cada día. Se desencadena así una guerra entre
los pacientes y el personal de la clínica ante la fría y severa enfermera
Ratched a la cabeza y sus asistentes.
En
la obra de Goffman, “Internados”, este autor desarrolla
el concepto de “institución total”. A estas instituciones, podemos denominarlas
como “lugares o espacios específicos
donde los seres humanos comparten un espacio delimitado totalmente controlado
hasta en los más mínimos detalles”. Conviven en estos espacios dos tipos de
personas, los guardias y los internos.
Bajo este concepto Goffman pone de
manifiesto las características totalitarias en las que las personas se ven
obligadas a compartir un espacio delimitado, bajo estrictos controles horarios
e interacciones controladas. En definitiva, Mc Murphy huye de una institución
como es la cárcel en EEUU, con toda su impronta de trabajos forzados. Y en
donde cabe recordar, en EEUU persiste el sistema corrientemente denominado
"Tree straike and your!re out law", en donde en resumida síntesis,
tres condenas penales implican largas cadenas perpetuas.
En el devenir de toda la
película prima un principio rector positivista, la fe en la ciencia es
avasalladora: “se trata sólo de medicina, te va a hacer bien” dicen las
enfermeras cuando entregan las medicinas a los pacientes. Es una forma de
entender el mundo, el discurso médico hegemónico.
Pero hay que tener presente
que McMurphy no estaba loco y los doctores eran conscientes de ello, pero no
hacían nada al respecto. Muy por lo contrario, cada vez que desobedecía las
normas internas estos le aplicaban técnicas médicas en contra de su voluntad.
Esa puesta en escena del anormal también será discursiva: el criminal, el
loco, es objeto de debate y será la ciencia la que establecerá un rol
fundamental en la construcción del yo normal y el otro anormal: la
hegemonía médica va a comenzar a medicar lo funcional y lo disfuncional. Así
aparecerá la medicina aliada al poder.
Se cataloga de enfermo a aquello que al sistema le sirve para preservar el
orden. Así se entiende al criminal como algo patológico, como que está loco,
enfermo y que hay que ayudarlo; como éste se sale de la norma se prefiere creer
que está loco antes de aceptar la experiencia de la gente que escapa de la
norma. Y así lo terminan entendiendo quienes “tratan” a Mc Murphy. Tratantes y
tratados, guardias e internos dentro de
la Institución Total.
Como podremos ver en la película, Mc
Murphy viene a romper el orden casi estático que aparentemente siempre ha
existido en los pasillos del hospital.
Utilizando esta anomalía introducida es
como podemos percatarnos que hay dos formas principales o ajustes a través de los cuales los internos o tratados se adaptan a
su entorno: primarios, cuando el interno se adapta a los reglamentos y
estructuras institucionales; secundarios, cuando los individuos
logran adaptar algunas características institucionales para su propio
beneficio. En un primer grupo podemos ver al grupo de personas de su pabellón
con que se encuentra Mc Murphy. Pasivos adaptados a las normas. En el segundo
grupo encontramos a ya sabemos quién.
El problema surge en la
película en función de que Mc Murphy rompe con esta pasiva aceptación de los
reglamentos internos torciendo esta normativa a su favor, ejemplos palpables
son cuando organiza la mesa de poker, la administración del tv, el equipo de
basket ball, la limpieza de los sanitarios, la salida en barco, el ingreso de
prostitutas al hospital o cuando no ve
el vidrio y lo rompe penetrando así su cuerpo en un sector al que tiene vedado
su ingreso.
Este sector es “regenteado” por
mujeres y hombres de color. Este no es un dato menor pero que puede
pasar desapercibido: los asistentes de las enfermeras son hombres de tez negra
que se la pasan limpiando entre otras actividades, lo cual es una típica
construcción social que establece que ellos por distintos son inferiores. Este
hecho no es menor, sin lugar a dudas las mujeres y las personas de tez oscura
han sido colocadas socialmente en términos de desprivilegio. La
circunstancia que sean ellos quienes
ejercen poder sobre los “enfermos” connota el bajo grado de importancia social
dado a aquellos que están encerrados en aquel hospital.
Vista la película a través de Goffman se
permite entrever el uso disciplinario
de estas instituciones y de cómo estas mortifican
el yo
de los individuos para lograr ajustar este yo al entorno institucional,
mediante el uso de las tensiones dentro-fuera. En la película está muy bien
lograda la presencia de la institución total puesta también de manifiesto en
los cuerpos
de los internados: lobotomía, baños fríos, castigos físicos, etc.
Una de las características
centrales de las instituciones totales es la ruptura de un ordenamiento social
básico en la sociedad moderna: la distinción entre los espacios (tiempos) de
juego (ocio), descanso y trabajo, en los que por lo general se interactúa con
distintos coparticipes y ante el ejercicio de una autoridad que es dispar y sin
respetar un plan administrativo muy estricto.
Muy por el contrario,
según Goffman, en las instituciones totales como en el pabellón en que se
desarrolla la película podemos observar que la totalidad de las dimensiones de
la vida cotidiana ocurren en un mismo lugar y bajo una única autoridad, también
que todas estas actividades cotidianas se llevan a cabo en la compañía
inmediata de un gran número de otros miembros, a los que se da el mismo trato y
de los que se requiere que hagan juntos las mismas cosas. Lo peor de todo es
que estas actividades están total y perfectamente programadas. Se encuentran
"encadenadas" unas a otras y todas se imponen jerárquicamente a
través de un cuerpo de empleados administrativos y a través de un rígido
sistema de normas de rigurosa formalidad. Hay para todo esto un "plan
racional", único, creado deliberadamente para regir la totalidad de las
actividades, que demás está decir, son obligatorias para los internos.
Así
desde la teoría del interaccionismo
simbólico, al que adhiere Goffman, éste define a la vida como un
teatro, y bien vale la comparación con la puesta en escena que constantemente y
día a día montaba Mc Murphy dentro del manicomio.
El director de Alguien voló... se vale
de esta teoría en que los seres humanos son meros actores que se esfuerzan permanentemente
en todos los ámbitos de su vida social para transmitir una imagen convincente
de sí mismos frente a los diversos "auditorios" a los que se
enfrentan (la familia, los amigos, la escuela, la oficina, etc.). No importa lo
que uno sea realmente, sino lo que se logra parecer. Mc Murphy en un principio
aprende rápidamente a moverse hábilmente entre los "decorados y las
utilerías" de la puesta en escena que es el pabellón psiquiátrico en que
se encuentra.
Finalmente todo se desmadra y como reza
el Interaccionismo Simbólico, el que no
sabe actuar constituye una amenaza para el elenco y es prontamente apartado,
acá mediante la intervención en los cuerpos, llámese electroshock o lobotomía.
El final es aleccionador. Mc Murphy
sufre electro-sock y luego una lobotomía [4] y, como
todos sabemos "el gran jefe" toma una decisión liberadora y conduce a
la victoria final de Mc Murphy sobre Racheld mientras el “gran jefe” escapa del
manicomio.
Podemos decir
también para concluir y porque no, que la película termina siendo una alegoría
de la Antipsiquiatría[5],
entendida esta como casi como un movimiento contracultural que se levanta
contra los tratamientos aplicados a los enfermos mentales en EEUU considerados
en su momento como la teoría y la práctica psiquiátrica convencional[6].
[1]
En países de habla hispana se la conoció como “Alguien voló sobre el nido del cucu” y también como “Atrapado sin salida”.
[2] Digo por ejemplo que siendo tan feliz
la “sociedad de la abundancia” estallan los índices de delitos, vandalismo y protestas,
culminando, por ejemplo, con el movimiento hippie. Me animo a decir que un
sistema que les da todo también los llena de vacío existencial. Tal es
así que para ejemplos tenemos a Rebelde sin causa, el rock and roll, Elvis
Presley, las drogas, etc.
[3] La idea o filosofía
del Panóptico fue una de las expresiones más acabadas de la concepción moderna de cárcel. Fue un diseño
de centro penitenciario “ideal” elaborado por el filósofo Jeremias Bentham a
fines del siglo XVIII. El concepto de este diseño permite a un vigilante
observar (-opticón) a todos (pan-) los prisioneros sin que éstos
puedan saber si están siendo observados o no. El objeto de este control visual
permanente era el de generar en internos un estado de autorepresión de posibles
acciones violentas como así también la permanente reflexión sobre los hechos
cometidos. Bentham, plasmó un modelo de vigilancia social que permitía un tipo
de poder del espíritu sobre el espíritu, una especie de institución que se
aplicó tanto en escuelas como hospitales, reformatorios, y fábricas. Así ya en
el siglo pasado el concepto de prisión evoluciono en su nueva concepción.
Foucault la denominó como una institución disciplinaria. Goffman la denomina
“Institución Total”.
[4] La lobotomía
cerebral es considerada un tipo de psicocirugía que consistía en la sección
quirúrgica de fascículos nerviosos de un lóbulo cerebral. Práctica muy
desarrollada en los estándares de la medicina de mediados del siglo XX y que
inclusive se aplicaba con un picahielos y sin la menor norma de higiene y
control. Se cree que en EEUU entre las décadas del 30 y los 60 se realizaron
más de 50.000 de estas operaciones).
[5] Concepto
ideado o atribuido a David Cooper y que se usa para designar a
diferentes enfoques y doctrinas políticosociales en el área de la salud mental
que tienen en común ser detractoras de la psiquiatría.
Notas 4 y 5: fuente www.wikipedia.org
[6] También
se puede leer sobre este tema a Michel Foucault con sus obras célebres
“Historia de la locura” y “Vigilar y Castigar”, Foucault veía en los asilos un
instrumento de represión de la burguesía contra las “clases peligrosas”. Michel
Foucault, Erving Goffman y otros criticaron el poder y el rol de la psiquiatría
en la sociedad, incluyendo el uso de la "institución total", el
"etiquetamiento" y la estigmatización. Más aún y en relación a los
viejos clichés de
control, Foucault nos enseña que en la institución donde se encuentran
internados mantiene la rigidez de las normas con precisión. El hospital en su
funcionamiento puede resultar similar a una cárcel, de hecho hay rejas, ello
significa que hay una clara limitación de la libertad. Se busca mantenerlos
adentro, en cuanto el interior es un lugar de protección y seguridad, mientras
que el afuera podría ser un lugar de amenaza.
Cuando era niño allá a fines de los ochentas, por un descuido de mis
padres pude ver una película en una vieja video-reproductora que teníamos en mi
casa. El mentado film de ficción, del año 1984, se trataba de “Hilachas”
(el título en español, “Threads” en inglés. Se descarga de youtube si se quiere
ver).
Este film dejó profunda impresión en mí. Hay que recordar que si bien por
esos años agonizaba
La película está filmada, como en lo que años después se pondría de moda,
es decir, con el formato de documental ficcionado. En él se relata la vida de
una joven pareja que debe hacer frente al embarazo de la chica. Todo ello en un
contexto de lo más sombrío, pues el mundo comienza a colapsar cuando fuerzas
soviéticas (los malos) invaden Irán y E.E.U.U. - junto con OTAN (los buenos)-
decide responder militarmente, por lo que se inicia una escalada de violencia
con armas nucleares de corto alcance.
En G.B. comienzan a tomar medidas para afrontar la situación organizando
a los gobiernos locales para el aprovisionamiento de alimentos, medicamentos y
grupos de socorristas. En el transcurso de los días y casi de imprevisto la
sociedad comienza a tomar razón de la gravedad de los acontecimientos, pero las
cartas están echadas.
Inglaterra es uno de los primeros países afectados por la guerra nuclear
mundial. Así, la protagonista, deberá afrontar su embarazo en ese presente
apocalíptico en donde las bombas nucleares comienzan a caer en su país.
La película, cabe decir, es descarnada en extremo para la época de su
estreno. Hay imágenes de cadáveres y gente mortalmente quemada. Por la hambruna
la gente hasta come roedores. Por todos lados se ve muerte por radiación,
destrucción y una desorganización y caos total casi inmediato de un gobierno
que ya casi no existe más. Sólo actúan algunas milicias un tanto autónomas y
sin control de un poder central que no saben a quien obedecer ni qué hacer.
El film es aleccionador al tocar todas las aristas posibles de un futuro
post guerra nuclear: hambre, gente gravemente enferma y herida, clima inhóspito,
vandalismo y desmoralización y desorganización social.
A diferencia de otros filmes con la misma temática en ésta, el director
proyecta los posibles efectos de una guerra nuclear a escala global quince años
hacia delante. En ella se puede ver el fin de la civilización como la conocemos
hoy o el fin de la humanidad al perecer animales, vegetales y provocarse la
esterilidad de todo lo que en un momento tuvo vida. Así se pueden ver a
colonias de personas al filo de sus posibilidades físicas y mentales luchar
contra la tierra yerma para poder extraer unos granos de ella.
Ese futuro, el de 1984, todavía no llegó y las posibilidades de que ello
ocurra están cada vez, quizas, más lejos. Eran los miedos de una época
pretérita pues en definitiva la ciencia
ficción o las hipótesis de futuros posibles no hacen más que hablarnos sobre
nuestro presente. En ese caso es el presente de la “guerra fría”, es decir,
de los miedos de ese presente.
Esta ficción nos dice que en 1984 íbamos por mal camino, aunque si bien
estábamos lejos de la crisis de los misiles en octubre de 1962, el sabor que
queda en la boca es el de saborear de cerca un futuro postapocalíptico.
Posiblemente el director del film proyectaba el porvenir de ciertas
características de la sociedad actual como una alarma de advertencia; en
congruencia con esto podemos decir que dos años después tuvimos el desastre de “Chernobil”
y el “Challenger”. Dos grandes fracasos para la humanidad.
En ese mismo año se publicaba un libro de Ulrich Beck, “Sociedad de Riesgo” en donde sienta las
bases de sus ideas principales:
* Los riesgos (no los
peligros) causan daños sistemáticos a irreversibles a nivel mundial;
* La lógica del reparto de los riesgos sigue el camino de la desigualdad
social estructural;
* Se produce un retorno a la incertidumbre: el riesgo es impredecible y
si se puede predecir no hay nada que lo pueda detener.
* Éstos se desarrollan en la sociedad industrial que es super-reflexiva y
que no puede dejar de interrogarse por esos problemas que introduce la
modernidad y que, como los sistemas expertos que no podemos controlar y que
dominan nuestras vidas, nos generan un gran malestar interno.
Si en esos años todavía temíamos a la tercera guerra mundial o a los
problemas ambientales propios de la radiación, “Threads” es un film
antibelicista, un grito sin temor a la vergüenza, una hipótesis de conflicto
que hoy ha quedado reservada para los libros de historia, pero que enfrenta
nuevos problemas y las soluciones pasan por esos sistemas expertos que de un momento a otro pueden desquiciarse como
se desquician al fracasar quienes debían evitar ese conflicto armado a escala
global.
Los males del ayer evidentemente no son los de hoy. Las “viejas incertidumbres conocidas” de
antaño han sido reemplazadas por las “modernas
incertidumbres inciertas”. No llegó “el fin de la historia”. Ayer el
enemigo tenía otro color de piel, hablaba otro idioma y tenía otra religion,
hoy estos son reemplazados por quienes son idénticos a nosotros, mimetizados en
nuestra sociedad, delincuentes informáticos, falsos profetas, etc. El enemigo
duerme dentro de nuestra casa, está en la web cada vez que nos conectamos.
Las hiperreflexibidad de esta modernidad nos llena de temores a lo que puede venir, no una guerra nuclear, sino un enemigo con el rostro velado. Un enemigo que ni siquiera él mismo sabe que lo es, como por ejemplo quien manipula una central nuclear, un avión o produce medicamentos o alimentos transgénicos.
A las par, y como plantea Z. Bauman en “La sociedad sitiada”, hay cada vez más una distancia entre el
ver-saber-actuar. ¿Por qué? Por que el ametrallamiento de imágenes de los
medios de comunicación puede coartar nuestra asimilación de verdaderos conocimientos.
Y a su vez, es imposible hoy sostener con honestidad intelectual que uno ignora
lo que está pasando en el resto del mundo. Así se establece el binomio entre
los que hacen el mal y los testigos.
Todos somos testigos, a la par que somos menos tolerantes a los males que
provocan esos malvados. Malvados que en líneas generales, antes podían provocar
el mal hasta donde llegaban las balas que disparaban sus armas, pero que hoy
sus acciones pueden ser a escala global.
¿Cuáles son los miedos de nuestro presente? El sufrimiento y las miserias
diarias, el sufrimiento que vemos por tv, pero que cuando nos hastía nos
permite cambiar impunemente de canal. Somos cada vez más intolerantes contra
los males que vemos a diario, pero no actuamos en consecuencia. El
derretimiento de los hielos, los alimentos transgénicos, la trata de humanos,
etc. Cuando nos cansa, cambiamos de canal. Así, literalmente hemos asesinado a la empatía.
En todo caso hablamos de la desesperanza, de la pérdida de la fe, tan terrible o devastador como un holocausto nuclear que pueden ser similares a la falta de horizontes claros.
Finaliza la película, como corresponde a los
miedos de la época, con un mundo similar a
FELIPE BOCHATAY
I. Introducción:
Cuando hablamos de los orígenes de la ciencia ficción latinoamericana de
inmediato corremos hacia la “Declaración
de Apocalipsi” de Francisco de la Cruz, de 1575, que le costó la hoguera al
tener la revelación de la destrucción de la Iglesia de Roma y el surgimiento de
la misma en Lima. O también nos desplazamos hasta dos siglos después buscando “Sizigias y Cuadraturas lunares…” del fraile
Manuel
Antonio de Rivas, redactado hacia 1773 y que también le costó un juicio ante la
Santa Inquisición Mexicana o avanzamos otro siglo buscando las obras de Horacio
Holmberg.
Sin
embargo, Latinoamérica
es una región de muchos contrastes y peculiaridades, una de ellas es que en
algún momento de la historia hubo un choque de civilizaciones que determinó el
fin de una por sobre otra. La historia es conocida: 1492, Cristóbal Colon,
descubrimiento de América, colonización, etc.
Antes de la colonización europea
hubo una cultura indígena, con una cosmovisión propia y con una vasta tradición
oral que incluye a los Incas, Aztecas y Mayas como las mayores civilizaciones en
lo que hoy es América Central y Sudamérica.
Estas culturas, casi olvidadas en el
tiempo, tenían una forma oral de transmitir sus historias de generación en
generación, y que fue rápidamente desplazada por la cultura europea.
En el marco de esta situación, y en
particular a partir del S. XX, hubo en toda Latinoamérica un grupo de personas
que procuraron recuperar esas historias
narradas de generación en generación entre sus pueblos y volcarlas en un papel,
en castellano, pero en definitiva, en un soporte que permitiera salvaguardar
esas historias para el futuro.
Sin embargo el gran problema de los autores europeos o de ascendencia
europea que recopilaron estas historias es que este relevamiento suele estar contaminado
por una cosmovisión distinta y, por tanto, con contradicciones y sesgos.
Despojarla de esos sesgos y contradicciones fue una tarea ardua.
¿Dónde ubicamos cronológicamente estas historias? Entre los Siglos XIII y
la llegada de Colón a América. Esto es muy distante en cuanto a lo que estaba
ocurriendo en la Edad Media o en el Renacimiento en Europa.
Ahora bien, uno puede imaginarse que
como toda cultura con un cierto grado de avance, las historias deben rondar en
torno a sus dioses, lo que cultivan, sus ritos, como así también el amor no
correspondido, las ciencias naturales, la astronomía y cosas por el estilo.
Eso es cierto, de hecho contaban con una rica tradición en poesía,
teatro, fábulas, mitos y leyendas que los “haravicus” y los “amautas” se
encargaban de transmitir.
Entonces, ¿dónde encajar la Ciencia Ficción en un relato oral previo a la
llegada de Colón al “Nuevo Continente” y tan lejos del surgimiento de la CF?; sobre
todo teniendo en cuenta que sin lugar a dudas se puede hablar del momento
fundacional del género “Ciencia Ficción” en el “Frankenstein”, de 1818, de M.
Shelley, aunque otros lo ubican recién en 1927 cuando Hugo Gernsback acuña el
vocablo 'science-fiction', siendo que también es cierto que el mismo acuñara el
vocablo “sciencefiction” en 1916. Todo ello muy lejano en el tiempo a la época
pre-colonial.
Isaac Asimov la definió como “la rama de la literatura que trata sobre la reacción de
los seres humanos a los cambios en la ciencia y la tecnología" y
tanto Gernsbakc como aquel, parten de que este género debe tener un disparador tecnológico o científico
plausible.
Todo ello es cierto y por tanto
acudimos a un término que ya está asentado entre los círculos literarios, el de
“Proto Ciencia Ficción” como algo
previo al surgimiento propiamente hablando de la CF, como una literatura
situada más cercana a lo místico y religioso por sobre lo científico, en
donde los textos se ubican más cerca de lo maravilloso, haciendo referencia a
la magia, ángeles y demonios que por sobre la ficción especulativa propiamente
dicha (donde todo tiene una explicación racional, verosímil, lógica), pero que
reúnen ciertos elementos.
II. 1. “El joven que subió al cielo”.
Este es un relato obviamente sin conexión con la cultura europea porque
es previo a la conquista y muestra una cosmovisión propia pero, yo lo leo así,
con semejanzas al pensamiento europeo del S. XVII. Es una verdadera pieza
de arqueología literaria
latinoamericana.
La civilización incaica
priorizó el crecimiento personal y espiritual de las personas en un entorno
donde el Cosmos y la naturaleza se integraban armónicamente en la vida de las
personas, de los grupos y de la sociedad como un todo.
En esa cosmovisión se
generaron mitos y leyendas, que más parecen relatos fantásticos de universos
paralelos y de mundos perdidos.
El relato es recogido por José
María Arguedas (1911-1969), que fue un escritor, además de
antropólogo y etnólogo peruano. Es considerado uno de los grandes
representantes de la literatura indigenista peruana introduciendo la visión
interior del mundo indígena.
“El joven…” podríamos
catalogarlo como uno de los primeros cuentos de ciencia ficción y fantasía de
la América y que emerge en el Tawantinsuyu, durante el incario, Imperio
que abarcó geográficamente lo que hoy son Bolivia, Perú, Ecuador, norte de
Argentina y Chile y parte de Colombia.
Este relato está ubicado
entre los Siglos XIII al XVI.
II.2. La trama.
El relato trata de un muchacho quechua, hijo único, cuyos
padres le encargan el cuidado de unos cultivos de papas.
Sin embargo, el muchacho se duerme y le roban. Al
regresar a su choza los padres lo retan duramente.
Durante la segunda noche permanece en vela y solamente
“pestañeó un instante”. Precisamente en ese instante en que pestañea es cuando
nuevamente le roban las papas.
Los padres lo amonestan, y en la tercera noche, ya sin ni
siquiera pestañear ve como bajan de otro mundo unas jóvenes, niñas blancas,
“estrellas”, con trajes translúcidos o “de plata”, dando lugar desde acá
propiamente a la historia de ciencia ficción y fantasía.
El muchacho se enamora y desea que se quede una de ellas.
Esta se niega pero el muchacho se apodera de ella mientras las otras se elevan
al cielo.
La alienígena que se queda por un tiempo en el lugar no acepta ser
su esposa pero termina quedando recluida en la choza de la familia y al cuidado
de los padres del muchacho.
Queda embarazada pero al avanzar su estado pierde el bebé.
Luego de un tiempo la niña estelar regresa a su mundo,
casi escapando, en un momento de descuido de la familia del muchacho.
El muchacho, quien había compartido con la joven
extraterrestre un periodo de su vida, aproximadamente un año, habiéndose
enamorado de ella, decidió desesperado buscarla.
Pero preso de la locura por haberla perdido, y no
sabiendo cómo encontrarla, deambula por la zona hasta que en lo alto de un
monte se encuentra con un cóndor (un “vehículo”) con el que realiza un pacto
para viajar y que la permite llegar al mundo de su doncella, en otro entorno
estelar.
Tardaron tres años en elevarse durante el cual el cóndor se
come dos llamas que le reclama como paga. Al promediar el viaje el cóndor ya
dio cuenta de las dos llamas y el muchacho por temor a ser dejado en el medio
del espacio comienza a cortarse pedazos de su pierna y le da eso de comer a su
vehículo espacial. Todo este viaje transcurre con la premisa de que no abra los
ojos el muchacho, y así lo hace.
Al llegar al nuevo entorno estelar, muy avejentados y
desalineados, se bañan en aguas mágicas y rejuvenecen.
El muchacho se reencuentra con la chica, que en principio
no reconoce porque para él son todas iguales. Vive un drama amoroso, sin un
final feliz dado que literalmente queda recluido durante un año, como le
hiciera él a la niña en la Tierra y luego de un año esta deja de visitarlo, lo
hecha, y así debe emprender el regreso sin volver a verla.
El mismo cóndor lo regresa y al llegar sus padres están
muy viejos, pese a que el viaje de retorno también dura tres años, pero así lo
reciben y aceptan nuevamente.
II.3. Elementos ficcionales.
A lo largo de todo el relato nos vamos a encontrar con
algunos tópicos propios de la ciencia ficción y que con un pequeño esfuerzo
intelectual podemos descubrir: la utilización de alimentos transgénicos, el uso
del control mental a distancia, las naves cósmicas, los efectos del
espacio-tiempo, etc.
A saber: en un pasaje se hace
referencia a que “… En esas tierras la papa crecía lozana. Sólo él poseía esa
excelsa semilla…”, lo que no es otra cosa que hacer referencia a los alimentos
transgénicos.
El control mental a distancia está
presente cuando al joven en tres días seguidos le roban las papas del cultivo
de la familia: “… Y pasaron tres noches. La primera, el joven la pasó despierto, mirando
las papas, sin dormir. Sólo al rayar la aurora le venció el sueño, y se quedó
dormido. Fue en ese instante en que los ladrones entraron a la chacra, y
escarbaron las papas. … Estuvo vigilando el sembrado con los ojos bien
abiertos. Y justo, a la medianoche, pestañeó un instante. En ese instante los
ladrones ingresaron al campo. Despertó el mozo y vigiló hasta la mañana. No vio
ningún ladrón. Pero al amanecer tuvo que ir a la casa de sus padres a darles
cuenta del nuevo robo…”
La clonación puede estar presente en
la similitud de todas las habitantes de ese entorno estelar: “… A la ceremonia
han de asistir las jóvenes del cielo; son una multitud, y todas tienen el mismo
rostro que tu esposa. Cuando ellas estén desfilando junto a ti, no has de
dirigirle la palabra a ninguna, porque la que es tuya vendrá la última, y te
dará un empujón. Entonces la asirás y por ningún motivo la soltarás…”
Hay trajes espaciales: “... En esa
ráfaga de sueño que tuvo, mientras pestañeaba el mozo, una multitud de
hermosísimas jóvenes, princesas y niñas blancas poblaron el sembrado. Sus
rostros eran como flores, sus cabelleras brillaban como el oro; eran mujeres
vestidas de plata. Todas juntas, muy de prisa, se dedicaron a escarbar las
papas. Tomando la apariencia de princesas eran estrellas, que bajaron del
altísimo cielo…”
Pero lo más interesante son las
consecuencias espacio-temporales dejados entrever en el relato. El viaje muestra el principio de la relatividad del tiempo. La
aventura del muchacho inca puede haber durado aproximadamente siete años, tres
en ir, uno en el cielo y tres más para regresar. Sin embargo, el joven mantiene
su edad a través de un proceso de rejuvenecimiento y sus padres se encontraban
muy ancianos cuando él vuelve del otro orbe. Entonces, en el contenido del
cuento aparecen elementos de la física relativista, y la tecnología inherente
al relato puede ser traducida de forma simbólica: “… El Cóndor aceptó; se echó al joven
sobre sus alas y emprendió el vuelo. Durante tres años estuvieron volando hacia
la tierra. Y cuando llegaron, el mozo cumplió y entregó al cóndor dos llamas. …
El mozo entró a su casa y encontró a sus padres muy viejos, muy viejos,
cubiertos de lágrimas y de pena. El cóndor dijo a los ancianos: -He aquí que
les devuelvo a vuestro hijo, sano y salvo. Ahora debéis criarlo cariñosamente…”
IV. Conclusiones.
Sin dudas la cosmovisión de los incas, rica en mitos y leyendas habla de
una cultura avanzada en donde los relatos gozan de una inmensa riqueza narrativa
cargados de una visión ficcional que, como en este caso, rompe con las
historias que eran mera descripción de eventos religiosos o naturales, es
decir, una literatura situada más cercana a lo místico y maravilloso como un hecho ficcional propiamente dicho.
Sin embargo cuando veamos las primeras obras de los autores enunciados al
principio del texto vamos encontrar muchas más similitudes que las que podíamos
pensar. (Continuará).
FELIPE BOCHATAY
Hace unos días mi hija me mostró unas fotografías que había realizado. Guardó un misterioso silencio mientras esperaba mi reacción. El ton...