25 mayo 2026

El tema del doble en los orígenes de la literatura fantástica latinoamericana

 

            No se puede buscar el «yo» por la mañana, hay que esperar a la noche,

a la hora en que salen los fantasmas.

 

            Uno de los temas a los que los escritores recurrieron con insistencia en los albores de la literatura fantástica y de la ciencia ficción latinoamericana fue el del doble.

            A lo largo del subcontinente aparecieron múltiples variantes de esta figura. Desde la figura sombría que devuelve el espejo o la sombra que cobra vida, pasando por la figura real que roba una identidad, el alter ego que cobra vida, o la idea del sueño como entorno en el que nuestro doble puede presentarse, hasta la posibilidad de que la teoría de las cuerdas sea cierta y que hay tantos universos paralelos con tanta gente como nosotros, por ejemplo escribiendo este artículo con una ínfima diferencia, o no.

            La literatura universal ofrece innumerables antecedentes, basta con mencionar la primera que viene a la mente, la novela de Robert L. Stevenson: «El extraño caso del Dr. Jekyll y el señor Hyde», obra publicada en 1886, donde la escisión de la personalidad adquiere una forma monstruosa que hoy podría leerse desde la perspectiva del trastorno disociativo de la identidad.

             El doble y la única mujer

            Pablo Palacio, abogado y escritor ecuatoriano, que vivió en la primera mitad del siglo XX, mantuvo siempre una preocupación en su obra por la vida urbana y el sufrimiento interior del ser humano. En 1927 publicó el cuento «La doble y única mujer», incluido en el volumen homónimo.

            Allí una mujer relata su particular experiencia en la que se percibe como un ser escindido en dos cuerpos, a los que los denomina «yo primera» y «yo segunda», cada uno con deseos y necesidades independientes y propias que pese a ello son una comunidad con un solo alma.

            Así encontramos en este relato el tema de la dualidad del ser, y el conflicto identitario mediante una fórmula narrativa que permite sortear la suspensión de la credulidad a medida que avanza la historia de la vida de esa mujer, es decir, sostiene lo fantástico sin quebrar del todo la verosimilitud.

             El difunto y yo.

            El venezolano Julio Garmendia publicó en 1927 su primer y más a famado libro de cuentos La tienda de muñecos. En El difunto y yo, un relato de tipo inverosímil, el genial vanguardista venezolano se adentra en el tema del desdoblamiento de la personalidad y del dominio del alter ego.

            En El difunto y yo vamos a ver al personaje principal, Andrés Erre, que ha extraviado a su doble. Cuando su esposa lo descubre buscándolo, él asegura que sólo intenta encontrar su sombrero. Sin embargo, una vez en la calle, comienza a sufrir una serie de peripecias provocadas, aparentemente, por ese otro yo, su doble, su alter ego, que poco a poco ocupa su lugar hasta desplazarlo por completo. En definitiva, al verse desplazado por su doble termina suicidándose pues nadie puede darse cuenta del robo de la identidad.

            Esto es así pues el Sr. Erre, que casualidad que tenga un apellido palíndromo, tiene dos caras, como en la novela de Stevenson. Y es que Andrés Erre posee una doble personalidad, por un lado es un ser respetable, que cumple con la ley y de una conducta intachable, pues que vive ajustado a los valores tradicionales y por el otro lado su alter ego, que es en cierto sentido un ser anómico, un inconformista que se aprovecha de las circunstancias.

            En este relato su alter ego irá ocupando cada vez más espacios en la vida de su otro yo, a quien acaba desplazando y expulsando de su propia existencia. Termina triunfando así la personalidad con mayor capacidad de adaptación frente a aquella que permanece ligada a las leyes y a las buenas costumbres. La crítica social subyacente resulta evidente: en un mundo racional y cotidiano aparece un elemento imposible que desestabiliza el orden y revela la fragilidad de la identidad.

            Las ruinas circulares

            El tema del doble y de la identidad, en Borges, es abundante en recursos pues ocupa un lugar central en su obra. Es famoso por su trabajo relacionado con los sueños y los espejos, abordando la temática tanto desde la narrativa como desde la poesía.

            En Borges y yo, el autor se confunde ante la imposibilidad de distinguir quién escribe y quién vive verdaderamente los acontecimientos. Por su parte en El otro, Borges se encuentra con un segundo yo más joven y lo anómalo en un sueño no del todo riguroso. También aborda el problema del desdoblamiento en El Golem, en donde la creación funciona como una forma de búsqueda de sí mismo.

El miedo a los espejos se presenta en Borges a temprana edad. Desde niño vivió atormentado por las pesadillas que lo asolaban, en particular con los espejos. De hecho sentía pavor por un viejo espejo que había en su casa.

«Los espejos y la cópula son abominables porque multiplican el número de hombres», dice Borges a través de un relato. Es que sentía temor de que el reflejo del espejo no se correspondiera con exactitud a él.

En Las ruinas circulares Borges describe un universo extraño, por fuera del mundo real y precisamente por ello podemos decir que es un cuento fantástico. El relato se centra en un evento que ya ocurrió, está relatando el pasado, un pasado asombroso en el que el personaje se siente extraño. La culpa la tiene la filosofía de Berkeley, pues el autor toma de este la idea de subordinar la realidad a la idea. De ahí que para el idealismo las cosas no existen por sí mismas, sino como representaciones de una conciencia.

Así veremos a un hombre, un mago, que llega a un lugar, las ruinas circulares, con la idea de soñar un hombre. Fracasa, pero luego de otros intentos lo logra al pactar con un Dios, el Dios del Fuego. Logra animar a su muñeco soñado al que envía a otras ruinas circulares que hay río abajo.

Sin embargo, el desenlace revela que el propio soñador también es el sueño de otro, un mero simulacro. El relato propone así una cadena infinita de simulacros y desdoblamientos donde toda identidad resulta precaria.

Borges volverá sobre esta idea con un poema:

 

Dios mueve al jugador y este, la pieza.

¿Qué Dios detrás de Dios la trama empieza

de polvo y tiempo y sueño y agonías?


 


La trama celeste

Finalmente llegamos al tema del doble en un relato extraordinario que alcanza una de sus formulaciones más sofisticadas, me refiero a La trama celeste de Adolfo Bioy Casares (1914-1999), ese exquisito escritor argentino que durante un tiempo vivió a la sombra de Borges pero que supo ganarse su lugar en la literatura de ciencia ficción aunque él nunca reconozca a su obra, o parte de ella, como de ciencia ficción.

La trama celeste es un libro de cuentos publicado en Argentina en 1948, contiene seis cuentos entre los que se encuentra el que le da título al libro. En este cuento, que inobjetablemente es una obra de ciencia ficción, el tema del espacio y el tiempo son tratados de una manera muy particular, desarrollando la idea de que existen infinitos mundos paralelos que se tocan unos a otros por ¿cuerdas? En estos mundos las variaciones espacio-temporales son tan ligeras que sólo un lector muy atento podrá admirar la construcción de este universo por Bioy Casares. Ello lleva a pensar que esos universos deben ser, y de hecho lo son, infinitos.

Una de las características más importantes en Bioy Casares es que detrás de casi todas sus historias existe un universo contenedor o alguna idea filosófica o científica subyacente que la justifique.

En este caso el autor retoma las ideas de Louis-Auguste Blanqui y su obra La eternidad a través de los astros, de 1872, de donde se nutre, para poblar este cuento de mundos paralelos, de los personajes dobles y triples y del espacio que se curva y se toca con otros espacios.

La historia comienza con un breve epígrafe a título de presentación. Esta, titulada «Las aventuras del Capitán Morris» está escrita en primera persona por quien en verdad no es el personaje principal, sino por Carlos Alberto Servian, quien relata las peripecias de un soldado argentino, Ireneo Morris, piloto de pruebas de la aviación argentina. Durante uno de sus vuelos experimentales Morris sufre un accidente resultando herido. Al despertar es interrogado por sus propios pares, que no lo reconocen. Los militares argentinos sospechan que es un espía, por lo que lo mantienen detenido.

En medio de esa situación aparece una enfermera (debe tenerse en cuenta que las mujeres siempre fueron personajes fuertes en su obra) que lo ayuda a escapar pese al riesgo que ello implica.

En definitiva Bioy Casares nos presenta tres mundos en donde las diferencias son mínimas, muy sutiles, y en las que Ireneo Morris deberá con un sentido casi detectivesco ir descubriendo esos sutiles matices para salir airoso de lo que considera una broma del destino.

Finalmente sabremos que el narrador es un compañero de aventuras de Ireneo Morris que lo acompaña viajando entre los diferentes universos paralelos a la vez que otros casi idénticos Ireneo Morris se entrecruzan en diferentes aventuras.

En cada uno de los mundos los personajes son idénticos pero a poco que se investigue se observan sutiles diferencias de carácter, por lo que el tema del doble, tan trabajado en la literatura también acá se ve reflejado. A saber: los mundos sufren sutiles diferencias, vr. gr., en uno de los mundos Cartago no fue destruida por los romanos, por lo que la cultura cartaginesa está presente en ese universo del s. xx, por ejemplo en las calles o en los nombres de las personas.

Bioy Casares construye así tres realidades paralelas en las que el protagonista debe actuar casi como un detective para advertir las pequeñas variaciones que distinguen a cada universo. Es que al duplicarse los planetas sobre el universo, también lo hacen todas las cosas y seres que viven allí. Blanqui distingue dos tipos de dobles, el que es exactamente igual y el que no, es el que tiene variantes, muy ligeras en este cuento, que son los que le dan riqueza al relato.

Las diferencias más sutiles pero no por ello menos importantes están en las personalidades de los actores de esta trama. Algunos en un mundo son bondadosos y en otro son egoístas. En uno se está enfermo y en el otro no. En otro caso un personaje aparece en la trama pero en otro no. En definitiva, según Blanqui, las múltiples variantes, como si de una compleja partida de ajedrez se tratara, se da con las conductas de los hombres, sus acciones desencadenan tantas posibilidades como mundos hay.

Sutilmente con ello Adolfo Bioy Casares nos trae la tranquilidad existencialista de que no estaríamos confinados a vivir una eternidad de repeticiones sino que esas sutiles diferencias nos pueden hacer vivir infinitas aventuras en una cuasi eternidad física.

El final del relato es tan bello como revelador y resume magistralmente esa concepción:

La explicación es evidente: En varios mundos casi iguales, varios capitanes Morris salieron un día (aquí el 23 de junio) a probar aeroplanos. Nuestro Morris se fugó al Uruguay o al Brasil. Otro, que salió de otro Buenos Aires, hizo unos «pases» con su aeroplano y se encontró en el Buenos Aires de otro mundo (donde no existía Gales y donde existía Cartago; donde espera Idibal). Ese Ireneo Morris subió después en el Dewotine, volvió a hacer los «pases», y cayó en este Buenos Aires. Como era idéntico al otro Morris, hasta sus compañeros lo confundieron. Pero no era el mismo. El nuestro (el que está en el Brasil) remontó vuelo, el 23 de junio, con el Breguet 304; el otro sabía perfectamente que había probado el Breguet 309. Después, con el doctor Servian de acompañante intenta los pases de nuevo y desaparece. Quizá lleguen a otro mundo; es menos probable que encuentren a la sobrina de Servian y a la cartaginesa. …”


En este relato, en resumen, Bioy Casares introduce una idea profundamente existencial: quizá no estemos condenados a repetir eternamente la misma vida, sino destinados a desplegar infinitas posibilidades de nosotros mismos a través de innumerables mundos, donde el doble deja entonces de ser únicamente un fenómeno psicológico para convertirse en una consecuencia cósmica. Si los mundos se duplican, también se duplican las personas, las conductas y los destinos.

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